EMILY Mi alarma sonó demasiado temprano a la mañana siguiente. La ignoré y me giré para volver a dormir. —Voy a llamar y decir que estoy enferma. —No —dijo Lucía, levantándose para sacudirme—. Tenemos muchísimo trabajo. Además, Martha va a estar especialmente insoportable hoy. No puedo enfrentarla sola. —Yo no puedo enfrentar a Alistair después de esa traición —le recordé. Ella cortó una rebanada de pastel y dio un bocado. Había tenido que hornear hasta tarde para calmarme. ¡No podía creer lo de Alistair! Había vendido un pedazo de mi alma y luego intentó hacerme creer que estaba loca. —Tal vez debería renunciar. —Yo ya tengo entrevistas programadas —dijo Lucía—. Hay algunos lugares que buscan asistentes o gente para marketing. —Supongo que yo también debería empezar a buscar —dije

