Capítulo 6

1300 Palabras
—¡Mmm, no mires así a tu padre, pequeña zorra!—Mi madre me escupió veneno al separarse del beso para señalarme con el dedo. Se quedó sin aliento brevemente cuando papá le tiró del pezón mientras besaba a mamá detrás de la oreja, pero entonces mamá volvió a mirarla con desprecio. —Ya veo cómo lo miras. Este es tu padre, pero es mi esposo, jovencita. No me faltes el respeto en mi propia habitación. —Cariño, deja a la chica en paz. Es su primera vez —dijo papá mientras yo seguía chupando la punta de su polla como si fuera una piruleta. —Tonterías—, respondió mamá como si la sugerencia de que no me molestara fuera absurda en sí misma. —¿La chica tiene 18 años y se atreve a entrar en mi habitación mientras me cojo a mi marido? Tiene que aprender a dónde ir. —Ughhh...— gimió papá mientras yo hacía una mueca y forzaba su enorme polla hasta mi garganta, hasta que me dieron arcadas. Me retiré rápidamente y volví a chuparle la punta después de las arcadas. —¡Eres una pequeña puta sucia!— gritó mamá. —Cariño... —No —dijo mamá, alejándose de papá—. Si mi hija quisiera ser una puta, la trataríamos como tal. Se apoyó en la cama mientras se agachaba, con las enormes tetas de mamá balanceándose al unirse a su hija de rodillas. —Vamos—, dijo mamá, empujándome hacia papá. —Si quieres ser una zorra, sé una zorra. Anda, cómele la polla a papá. Abrí los ojos de preocupación al sentir la presión aumentar, entre mi madre provocándome desde atrás y papá mirándome desde arriba mientras mis labios se aferraban a la cabeza de su m*****o. Agarré la base de su pene con ambas manos como si fuera un micrófono y fruncí el ceño mientras movía la cabeza agresivamente sobre la punta. Observar las expresiones faciales de papá lo era todo para mí. Cada fruncimiento de sus labios, cada gesto de sus mejillas y cada entrecerrar los ojos era como un cálido abrazo de oso en un día nevado. Casi podía ignorar la ira de mi madre. Casi... —Mira a esta zorra, ni siquiera puede meterle la mitad de la polla a un hombre en la garganta—, dijo mami, empujándome los brazos y dándome golpecitos en las mejillas con la palma de la mano. Sus dedos tiraron de mis tirantes y me agarraron los brazos con fuerza mientras me desnudaba. —¿Qué, nena? ¿Eres tímida? ¿Por qué intentas seducir a tu padre con la camisa puesta? ¿Será porque sabes que tus tetas son jóvenes y firmes, pero no son nada comparadas con los melones de mami? Desnuda, mis hombros se encogieron un poco ante los insultos de mamá, sobre todo cuando se arrodilló a mi lado para tocar y levantar sus enormes pechos, lamiendo y pellizcando sus pezones. Aunque mis pechos eran grandes comparados con los de mis amigas, no eran nada comparados con los de mamá. Las estrías se extendían por el exterior, lejos del pezón. El maquillaje y las rutinas de cuidado de la piel podían disimular algunas de las marcas de la edad, pero no todas. Papá me puso una mano tranquilizadora en la cabeza y me ahuecó la mejilla mientras chupaba, pero su otra mano también bajó hacia mamá y le apretó sus grandes pechos. Insatisfecha con compartir la atención de su marido, mamá se giró hacia mí y me agarró el pelo con fuerza, apretándolo todo en su puño. —Ahí tienes—, se rió mi madre mientras apretaba mi cara hacia adelante, —ahí tienes, zorra. Mami te convertirá en una verdadera puta. El pánico se apoderó de mí cuando mi madre usó toda su fuerza para golpear mi garganta contra la parte posterior de la polla de papá. —¡Aaaackughhhhhhhhaaaauuughhhhhh!—Tosí, hice gárgaras y gemí mientras la saliva se acumulaba en mi boca antes de babear por mi barbilla. Más risas de mamá. —¡Ahí lo tienes! ¡Parece una puta de verdad, ¿verdad, papá? La respuesta de papá, y la única razón por la que no quería que mamá parara, fue un leve murmullo de gemido mientras sus ojos oscuros se giraban hacia atrás. Mamá estuvo cogiendo la boca de su hija con la polla de papá durante tanto tiempo que se me entumeció el reflejo nauseoso, se me amorató la garganta y me goteaba la baba de los testículos de papá. Creo que nunca habría parado si papá no me hubiera sacado la polla de la boca, dejándome sin aliento. —¿Por qué hiciste eso?—, preguntó mi madre, ofendida porque se detuvo. Mientras tanto, tosí y escupí en el suelo junto a ellos. —No quería correrme todavía—, dijo papá, acariciando su brillante m*****o. Se agachó y me ayudó a ponerme de pie. —Tranquila, cariño. ¿Estás bien, cariño?— preguntó, mientras me cepillaba el pelo detrás de la oreja. Tosí en mi mano y asentí, mientras papá apartaba mis brazos para ver mi cuerpo desnudo. Una simple sonrisa en sus labios me iluminó como un árbol de Navidad. —Mírate, qué grande eres—, dijo. Sus manos callosas me acariciaban los pechos con suavidad y me acariciaban los pezones con los dedos. Me retorcí bajo su tacto, y una sonrisa se dibujó en la comisura de mis labios. —Bueno, seguro que no te corres dentro de ella —advirtió Madre al levantarse—. Ese semen es solo para tu esposa. —De acuerdo—, aceptó a regañadientes, y le dio un beso en los labios a su madre para calmarla. Su madre le rodeó el cuello con un brazo y lo besó con más fuerza, sus grandes pechos presionándose contra su pecho mientras marcaba su territorio. Cuando papá se apartó, me tomó de la mano y me llevó a la cama. Me tumbó boca arriba, me separó las piernas y bajó mis caderas hasta el borde del colchón. Jadeé y me mordí el labio nerviosamente al sentir lo mojada que estaba. No me di cuenta de que había estado goteando por el muslo mientras mamá me obligaba a follarle el cráneo a papá. Papi sonrió y me pasó un dedo por la cara interna del muslo, justo al lado de mi coño, y chupó su dedo con mis fluidos. Me lamí los labios, fantaseando con mi lengua deslizándose en la boca de papi. Cuando su gorda polla se posó sobre los labios de mi coño, tragué saliva y lo miré nerviosa. ¡Era tan grande! —¿Estás lista, cariño?— preguntó. —Sí, papá— respondí. Mientras la polla de papá separaba lentamente mis labios vaginales, mi boca se abrió cada vez más, hasta que sentí la punta de su polla dentro de mí, abriéndose. —Ahhmmm, papi—, gemí. —Ugh...— gruñó papá mientras se inclinaba sobre mí, —Estoy aquí, pequeña. —¡Ahh ahhh ohhh, papi!—, grité al sentirlo penetrar más profundamente. Justo cuando pensé que ya estaba llena, él penetró más profundo y mis muslos temblaron sin control. —¡Ahhhh, mierda! —¡Escucha lo que dice esta puta!— respondió mi madre mientras rodeaba la cama para colocarse sobre mi cabeza. —Siempre supe que mi hija era una guarrilla. —Dios... Ella también está muy apretada—, gruñó papá mientras apretaba cada centímetro dentro de mí. —Bueno, claro que está maniatada. Todas están maniatadas a los 18 años. Dale unos cuantos años con esa boca de puta y estará más suelta que una bolsa de pan—replicó mamá enfadada.
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