Capítulo 7

1630 Palabras
Papi me tenía casi doblada por la mitad, con las rodillas a ambos lados de la cabeza mientras me penetraba. Sus cálidas palmas me aferraban la cintura como si fuera su muñeca s****l a la que estábamos a punto de castigar. Mis ojos, débiles, lo miraron al ver su deseo ardiente por él mientras su polla se flexionaba dentro de mí. A pesar de la incomodidad que sentía, el placer en los ojos de papi lo era todo. Quería que lo tuviera todo. Quería que tuviera más. —Por favor, fóllame, papi—, logré decir. —¡Fóllame como una zorra... ahhhhh, Dios!—, grité mientras papi se retiraba y volvía a penetrarme. Me sentía como un tornillo bajo el cuerpo musculoso de mi papi, taladrándome el colchón. Sus caderas subían y bajaban mientras su polla golpeaba mi coño. —¡Dios mío... Dios mío, papi! ¡¡¡Papi!!!—, grité mientras mi papi me follaba con más fuerza. —Dios mío, cariño —gimió papá. Cada vez que mi coño se apretaba contra su polla, sentía a papá flexionarse mientras se deslizaba dentro de mí. —¡Oh, joder, papi, sí! ¡Fóllame más fuerte, papi! —jadeé. Justo cuando el dolor de mi primera vez alcanzaba su punto máximo y comenzaba el placer, mami decidió que ya era suficiente. —¡Ay, por favor, escucha la sucia boca de esta ramera! —se quejó mi madre mientras se subía a la cama, encima de mi cabeza—. Ya es hora de que le cerremos la boca. ¿No te parece? Había movimiento sobre mi cabeza, pero estaba demasiado concentrado en las olas de placer que se estrellaban contra mi coño virgen. No fue hasta que mami bajó su coño sobre mi cara que me di cuenta de lo que estaba pasando. —Mmm... Mami, ¿qué...?— Logré decir antes de que el calor y la humedad de su entrepierna me envolvieran la cara. Entré en pánico en ese momento; aunque me había excitado un poco que mi madre se follara, nunca había pensado en las mujeres de esa manera. ¡No era lesbiana! —Ahí tienes, saca la lengua como una buena puta, lame el coño de mami, vamos—, dijo mi madre mientras me cubría con su coño. Seguí sus órdenes y, a regañadientes, saqué la lengua, saboreando sus labios salados, y entré en el agujero de mi mami. —¡Qué buena chica! ¡Qué buena zorra tenemos, Daniel! —Mi madre se rió y jadeó mientras miraba por encima del hombro. —Ella es perfecta—, jadeó papá mientras sentía sus manos agarrar mis tobillos y abrir mis piernas para él. —¡MMmmmmm!— Gemí en el coño de mi madre porque eso era todo lo que podía hacer mientras papá me follaba más fuerte. —¡Mmmmmm, joder!—gimió mi madre, agarrándose los pechos, —¡Qué bien se siente ese polvo en el clítoris de mami cuando gritas así... así, mmmm! Mis ojos se pusieron en blanco y me costó recordar respirar por la nariz mientras la polla de papá golpeaba mi punto G repetidamente y comencé a correrme. —¡Ahhhhhhmmmmmahhhhmmmmm!— Grité un llanto ahogado que hizo que mamá comenzara a jadear como un perro mientras se pellizcaba los pezones. —Eso es, cariño—, gimió papá y sentí que su pulgar comenzaba a rozar mi clítoris, —Córrete para tu papá. ¡Córrete por toda la gran polla de tu papá!— gruñó cada sílaba mientras metía su eje con fuerza en mí. —¡Ay, papi! ¡Ay, papi, sí! ¡Me encanta, papi! —grité, pero mis labios y mi lengua estaban tan metidos en el coño de mami que lo único que se oía eran mis tarareos y los gemidos de mami. Después del orgasmo, hubo un breve momento surrealista en el que me di cuenta de que estaba en la habitación de mis padres, siendo follada por ambos extremos. Fue una fantasía durante tanto tiempo que apenas creí que fuera real. Papi aceleró el ritmo mientras su polla entraba y salía de mi coño como una máquina. De repente, sentí que ya no me follaba por mí misma. Papi quería correrse... ¡Dios mío, papi, por favor, córrete dentro de mí! La idea me acercó al instante al orgasmo mientras papi me manipulaba como si fuera un objeto poseído. Pero fue mami quien me sorprendió cuando de repente me agarró del pelo y hundió su coño y su clítoris en mi lengua. —¡Oh, joder, niña... sí! ¡Sí! ¡Cómete el coño de mami! ¡Cómete el coño de mami! —gritó la madre con la voz acelerada. —¡Mmmm!—Gemí al ver cómo mi madre me embestía la cara con demasiada fuerza. Sus enormes pechos se mecían sobre mí mientras se acurrucaba en posición fetal encima de mí. Sus gruesos muslos se apretaban alrededor de mis nalgas. —¡MMMMmmmmmmmmm! —¡Joder, joder, joder, joder, joder!—, gritó mamá mientras sus muslos temblaban y un torrente de jugos me inundaba. Me empaparon la boca, el pecho y las tetas mientras mi madre seguía corriéndose en la cara de su hija. —Ughhhh Dios—, gruñó papá al ver las tetas rebotando de su hija empapadas en los jugos de su esposa, y sus duros movimientos de cadera combinados con sus gemidos debilitados fueron suficientes para hacerme descender a otro orgasmo. —¡Ahhhhh ahhhhhh ohhhhhh dios mío, papi!—grité y arqueé la espalda en cuanto mami se apartó de mi cara. La cara de mi papá se cernía sobre la mía y pude ver en sus ojos que estaba muy cerca. Papá estaba a punto de correrse profundamente en el coño de su niña. —¡Ffffuuuuck!— gemí mientras el orgasmo me consumía. —¿Qué dije?—, espetó mamá, acercándose a papá. Justo cuando papá salía de mi coño, mamá me agarró del pelo y me puso la cara delante de la polla de papá. Me perdí en oleadas de felicidad mientras el orgasmo se apoderaba de mi cuerpo de 18 años. Ni siquiera me di cuenta de que papá se había corrido en mi cara hasta que parpadeé y sentí la leche tibia y viscosa cubriendo mi piel. Sin pensarlo, me lamí los labios y saboreé su semen. Para mi sorpresa, mami me agarró las nalgas y me acercó la cara. Lamió el semen de la cara de su hija hasta que quedé limpio. Y entonces, con un montón de semen de papá todavía en la lengua, mami metió la lengua en la boca. Al instante, me excité y me animé a comerme el coño y besar a una mujer, aunque fuera la zorra de mi madre. Quizás, sobre todo si era la zorra de mi madre. Después de que papá se corriera, tomó una toalla y limpió un poco el desastre que habíamos hecho antes de anunciar que se ducharía, pero primero vino hacia mí. Yo seguía sentada en el borde de su cama, desnuda y temblando mientras mi cuerpo se adaptaba a lo que acababa de pasar. Su pene, ahora flácido y colgando entre sus piernas, se acercó a mí mientras se inclinaba y me besaba la coronilla. —¿Fue divertido?— preguntó. Sonreí y asentí con entusiasmo. —Esa es mi chica— susurró y me besó la cabeza una vez más. Mientras veía a papá entrar al baño principal, solo podía pensar en lo increíble que sería si papá se corriera dentro de mí... —¡Guárdame un hueco en la ducha!—, gritó mamá mientras papá abría el grifo. Intenté salir de puntillas antes de que mamá me atrapara, pero cuando estaba en la puerta, su mano me agarró del brazo. —No tan rápido, señorita—, susurró mamá con una mirada severa, —tú y yo tenemos que hablar. . . . . Mi madre estaba tan desnuda como yo cuando me llevó al pasillo y a mi habitación. Casi protesté, pero sabía que ya estaba en serios problemas, así que me callé. Sobre el colchón había varios consoladores y vibradores que había empezado a usar escuchando a mamá y papá. No los había guardado porque, bueno, pensaba terminar con ellos. Papá tenía otros planes... Mamá negó con la cabeza y suspiró con incredulidad al ver mis juguetes. Mientras los recogía y los inspeccionaba, me quedé allí, cubriéndome las manos, sintiéndome como una niña sucia. —Bueno, parece que mi putita ya ha crecido— dijo mi madre con una ceja levantada mientras tiraba mi consolador anal sobre la cama y se giraba hacia mí. Su tono era cortante, pero con un toque juguetón. Lo justo para desconcertarme y preguntarme si me estaban tirando al suelo y castigando por haberme acostado con mi padre, su marido. Se acercó a mí y examinó mi cuerpo desnudo como si fuera una pieza de fábrica al final de una cadena de montaje que necesitara una inspección. Apartó mis manos para mirarme el coño. Me rebotó las tetas con un manotazo. Bajé la cabeza en señal de deferencia. Mi madre me puso un dedo bajo la barbilla y me levantó la mirada para encontrarme con la suya. Sonreía. —Tu padre y yo vamos a divertirnos un rato contigo... Parpadeé, sorprendida. Una leve sonrisa se dibujó en mí cuando mi madre salió de mi habitación. Me di la vuelta, mareada, y me dejé caer en la cama, incrédula ante lo que acababa de pasar. No tardé en abrumarme con mis fantasías sobre lo que estaba por venir, y mis piernas estaban abiertas y ambas manos sostenían juguetes.
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