No podía creer que me hubiera vuelto a dormir después de tanta excitación. Durante minutos me desmayé y me quedé mirando la puerta, deseando que se abriera y que el Sr. Miller volviera después de calmar a su entrometida esposa. ¡Quería más! ¡No podía dejarme así! No cuando sabía que su pene debía de estar hundiéndose en sus pantalones, rogando por ser liberado. Después de casi media hora de esperanzada paciencia, me quedé dormido. Mis sueños fueron placenteros y cálidos. De esos que desearía poder controlar y nunca dejar que terminaran. Pero cuando finalmente desperté, no estaba segura de qué era real y qué ya no. Me imaginé, a la sombra de la oscuridad, a los pies de mi cama. Su cuerpo duro se flexionaba mientras acariciaba su m*****o aún más duro. Me sobresalté de miedo, pero enseguida

