Mi hermanastra Stephanie Modders yacía en su cama con el celular en las manos, flotando sobre su rostro, escribiendo sus mensajes. Su camiseta interior rosa de tirantes finos se le subía la mitad del vientre, revelando el piercing en el ombligo, por el que su madre casi la mata el año pasado. Aunque tenía 18 años cuando se lo hizo, a su madre no le gustaban los piercings en ningún lugar que no fuera la oreja, y no le gustaban los tatuajes, punto. Por eso Stephanie estaba aprovechando este tiempo, mientras su madre estaba haciendo recados, para usar la menor cantidad de ropa posible y ventilar el tatuaje reciente que se había hecho en la parte baja de la espalda. Cada dos minutos, despierta o dormida, que pasaba en casa de su madre, tenía que usar una sudadera grande o una camiseta holgad

