Unos diez minutos después de que la criada terminara su striptease, apareció en nuestra mesa tal como había terminado su trabajo: desnuda, salvo por el liguero, los calcetines sexys y los zapatos. Señalé a Sean mientras él la miraba maravillado. La criada, que resultó llamarse Belle, se sentó en el regazo de Sean y empezó a bailar al ritmo de la música. Le dedicó unos cinco minutos, hablándole obscenamente y provocándolo sin parar. Me reí la mayor parte del tiempo porque no estaba en el tema de la noche. Para empezar, Sean no sabía qué hacer con las manos. Tomé una y la puse sobre el pecho más cercano de Belle. Ella se retorció un poco más y luego la rodeó con la otra mano, de modo que le sujetaba ambos pechos aumentados. Me pregunté quién habría sido su cirujano plástico; las cicatrices

