—¡¿Que mierda ha pasado?! —bramo a los guardias de la casa —. Y antes de que me respondan espero que tengan claro que nadie puede saber de esto —ambos asienten —. ¿Entonces...? —Ella salió en su auto señor —me dice el rubio ruso temeroso de que le ponga una bala en la frente —. Yo he dado estos días de baja por mi hijo enfermo y me acabo de enterar de que no podía salir. Lo siento, señor. Intento encontrar calma y saco mi teléfono para localizar mi coche al tiempo que añado: —Trae mi moto y saca un coche para que vayan detrás de mi. Que cambie la guardia de la puerta. Los dos salen corriendo cada uno de ellos a por algo distinto mientras le veo aparecer en el radar de mi móvil. No va lejos. Y a esta hora el tránsito en la carretera que ha tomado es mucho, no podrá avanzar tanto y menos

