Ya me encontraba sosteniendo un lápiz entre mis manos mientras revisaba con preocupación las planillas en mi puesto de trabajo. Por un lado, pensaba mucho en Gabriel, y por el otro, en Giselle. Estaba preocupada por ella y si acaso sufría con ese hombre posesivo; quizás sea parte de su cultura, como no lo sé. Pero el miedo, confundido dentro de mi cabeza, amenazándome con que todo saldría mal, parpadeé un par de veces. Cuando abrí los ojos finalmente, me encontré como si lo hubiera llamado con la mente. Mis hijos se levantaron confundidos y los observé un poco inquieta. "¿Pasa algo?" pregunté, sin comprender por qué estaba su presencia en este lugar. "Quería hablar contigo", comentó, sentándose sin pedirme permiso, y mi respiración se volvió un poco confusa. "Dime qué quieres", le dije. "

