"¿Qué?", preguntó espantado, mirando hacia abajo y aferrándose a mí como si fuera una garrapata. "Jefe, no puedo respirar", protesté, pero él ni me miró divertido. "Pues te jodes, como tú me dijiste que me subas aquí y me da miedo", respondió. "¿De verdad te da miedo?", pregunté, y él asintió. "Sí, de verdad". Cuando terminó la atracción, Javier salió tan mareado que fue directo al primer bote de basura y vomitó todo el desayuno. "Al parecer, no eres muy bueno para estas cosas. Entonces, vamos al carrusel", comenté corriendo. "¿Cómo quieres que me suba? ¿No ves que me muero?", preguntó aterrado, mientras me subía nuevamente y se sentaba a mi lado. "Esto no es muy seguro que digamos", protestó. Me encogí de hombros. "Quizás no", murmuré, y él me miró aterrado. "No quiero saber nada de

