Castigo

929 Palabras
La mirada oscura y facciones contraídas de Karim me hicieron saber que estaba en graves problemas, pero ¿Qué podía hacer?, Además el se lo buscó, intenté de buena manera que funcionara y, aash, odio está situación. Con mi novio lo hacía porque quería, pero con Karim aunque sea muy atractivo me siento usada. Karim no dejaba de mirarme y no pronunció palabra alguna lo que me hizo asustar hasta los huesos, solo le dijo algo a Kasib en su idioma, el muy estúpido no sabe que también sé árabe, por lo tanto respiré con alivio al escuchar que íbamos para la mansión. ~° Al momento de la limusina estacionarse abrí la puerta y salí a toda prisa y Karim caminaba al compás conmigo. Entramos y cuando iba a tomar dirección hasta mi habitación, éste me detuvo tomando mi brazo —tú  vienes conmigo— no musité palabra alguna, volví a entrar en el papel de sumisa y le seguí su apresurado paso. —¿A dónde vamos?— pregunté al ver que subimos hasta la tercera planta, estaba rotundamente prohibido subir a este piso y el hecho de estar aquí me perturba. —no te dí el permiso para hablar conejita— soltó mi mano y sacó un juego de llaves de su pantalón, introdujo una de ellas en la cerradura y abrió la puerta, estaba en penumbras, no podía ver nada, él entró  y encendió las luces. La habitación estaba pintada de n***o con círculos rojos, dos grandes espejos en cada lateral de ella, varias cadenas colgaban del techo, había una mesa parecida a las de Villar, con la diferencia de que estas tenía esposas en medio de ella, pude ver varios tipos de fustas, máscaras, mordazas, abrazaderas de pezón, entre otros que no podía ver bien debido al tono rojo de la luz. —veo que eres muy observadora— habló mientras se sentaba en un embullido sofá de la estancia. —quiero que te quites todo y te pongas de rodillas— ese día llevaba puesto un vestido suelto, lo retire de mi cuerpo y me quité las prendas interiores, cuando iba a quitar mis tacones me detuvo —esos no, quiero que te quedes con ellos— asentí y me posicioné tal y como me lo pidió. —en esta carpeta están todos mis exámenes sanguineos, en esta otra están los tuyos, tienes un poco de anemia por lo que apartir de hoy llevarás una dieta estricta—  dijo con severidad. ¿Quién rayos se cree para investigarme de esta manera?... Aunque muy en el fondo me siento aliviada de saber que no tenga nada mi proxeneta. —no me gusta usar condones, pero veo que para ti no es problema alguno ya que usas la píldora, sé que no has tenido relaciones desde que estas aquí y también sé que no sales con nadie. Amo la exclusividad, lo que quiere decir que mientras estés conmigo no habrá nadie más— dijo mientras rebuscaba en uno de sus cajones. —otra cosa, debes tener una palabra de seguridad para cuando sientas que estás al límite, pero también debes de saber que en el momento en el que la uses todo quedará olvidado... si hubieras leido ese contrato no te estuviera diciendo todo  esto— finalizó con fastidio —odio— dije en un susurro. —¿Qué dices?— pregunto acercándose hasta donde estaba. —odio, esa será la palabra de seguridad... ODIO— grité al finalizar la frase —no funciona así fasaely, debe de ser al momento de estar consumando algún juego s****l, pero que te quede en claro que jamás haría algo para lastimarte, sé hacer esto— se puso frente a mí con unas pinzas con pequeñas pesas para mis pezones, la puso en cada uno de ellos, me esposo las manos detrás de mi espalda y colocó un antifaz en mis ojos. Sentí que introducía algo a mis oídos provocando que me estremeciera, luego escuché como mis oídos eran inundados por una especie de instrumental, por lo cual deduje que lo que estaba en mis oídos eran auriculares. Sentí una pluma recoger mi espalda para luego sentir un ardor, lo que provocó que me sobresaltase y las pinzas en mis senos doliera debido a las pesas, repitió el proceso una y otra vez, pero en lugar de llorar por ello estaba completamente exitada y extasiada en toda la extensión de la palabra. Luego de varios azotes retiró las pinzas de mis senos, me ayudó a poner en pie, trastabile un poco, pero no caí debido a que me sostenía. Sentí que quitó las esposas, me guío hasta no se donde, alzó mi mano derecha y la esposo, repitió el proceso con cada extremidad de mi cuerpo, lo que me llevó a deducir que estaba en un madero con forma de X, separó lo suficiente mis piernas para luego, empezar a masturbarme, quise ser fuerte y no gritar , pero ¿cómo resistir?. Empezé a menear mis caderas, estaba desesperada por la liberación —lo siento conejita, hoy no— y dejó de masturbarme de golpe. —a...mo— dije con mi voz ronca del placer —¿si?— escuché su voz nítida en mi oído, no me había dado cuenta de que había retirado los auriculares de mis oídos —quiero...quiero mi liberación— sí, supliqué por ello,esto es un juego ¿no?, Yo también quiero divertirme. Sentí sus dedos masajear mi clítoris nuevamente, le daba ligeras palmadas, luego puso algo frío en mis pezones y sentí un pequeño gotereo »hielo«, siguió en su arduo labor y se detuvo justo cuando iba a correrme. —ese fue tu pequeño castigo— dijo mientras retiraba las esposas de mis manos —fui muy considerado contigo debido a tu inexperiencia, espero no halla una próxima vez porque no seré condescendiente contigo— me cargó antes de caer al piso y me llevo hasta mi habitación.
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