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724 Palabras

—Tuve que despedirme... Eduardo... no lo hice. —Es mi culpa, y te hice ver una película en vez de estar con tu madre. —No quería molestarla, pensé que estaba descansando. —Ves, no es tu culpa Briana. Ella también necesitaba su espacio. —Tal vez, estaba muerto hace mucho tiempo y yo ni siquiera me enteré. —No, solo el... médico forense falleció hace pocas horas, no te sientas así. —Q-quiero morir con ella —dije triste. —Tienes una hija. —Tienes razón —comenté quitándome las lágrimas que no paraban de salir. Me quedé apoyada de nuevo en su pecho, no quería despegarme de mi madre. Sin embargo, después de una hora de estar llorando y de maldiciendo mi suerte, me tuve que separar. Se la llevaron, y mi corazón se quebró en el instante en el que ella salió con una camilla y el rostro cub

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