Observándo a través del grueso cristal. La vio concentrada, bonita con el cabello suelto. Eso, le hizo perder la cordura. Ingresó sin pedir permiso y Briana frunció el ceño al saber que alguien había entrado. —¿Qué necesitas..? Pero su semblante cambió, al ver a Eduardo frente a ella. —¿Qué haces aquí? —TE extraño... —dijo con sinceridad. Eduardo, y Briana levantó las cejas más confundida que nunca. —No sé... De qué estás hablando. —Pues... que te extraño, lo lamento. Lamento haberte lastimado y te mentí... —¿Qué..? No puedo entender nada Eduardo. —Te mentí... lo lamento mucho. Si te dejé hace dos años atrás, fue por mi enfermedad. Había empezado a tener temblores en el cuerpo, se hicieron demasiado recurrentes. Ese día fui al doctor. Me dijeron que... que pronto me moriría Briana

