—Entonces, te has mudado con Melisa, y además cambiaste de trabajo. Tienes bastantes cosas que contarme. —Sí, y lamentó no haberte respondido antes, estaba confundida. —Brianna está bien, pero esta semana, hemos hablado mucho. —Lo hemos hecho —dijo Briana con una sonrisa. Cada día, al llegar del trabajo, Briana y Agustín hablaban por teléfono. Lo hacían por horas, y Briana se desahogaba con Agustín. —Te sientes mejor, ¿extrañas a Eduardo? —Lo extraño, pero me di cuenta... no puedo forzar al amor. Si él no me ama, yo no puedo estar detrás de él, esperando que me dé una migaja de amor que no existe. —Ya luego me parece bien, y ahora vamos a pedir nuestros pedidos, y tú, vas a hacer mi cita. —Pensé que éramos amigos —dijo divertida Briana y él la tomó de la mano. Acarició con cuidado

