Su cerebro se nubló, toda la valentía que tenía para decirle que era el adiós, se esfumó. Briana, dejó la copa apoyada en el sillón. Sin importarle nada. Sintió las manos de Eduardo, sostenerle su cintura con fuerza y pronto su trasero estaba apoyado en el regazo de su ex marido. Eduardo, buscó su boca. Mordió sus labios, y sus lengua exploró cada rincón de Briana. Ella cerró los ojos, con fuerza. Intentando ser valiente y decirle que no. Pero no pudo, su corazón estaba demasiado acelerado, y el deseo de tenerlo era fuerte. El, quitó su blusa de un tirón, y ella se dejó cervezadas. Cerró los ojos y estiró el cuello, disfrutando de los besos cálidos en el. —Eduardo... —susurro, y él buscó la tira de su sostén, desprendiéndolo, y dejándolo caer sobre la alfombra. Caricias iban y caricia

