Me trajo más hacia ella. Pude sentir sus manos recorrer mi abdomen y rozar un poco de mi piel. Cuando finalmente llegamos, nos separamos por la falta de aire. Briana tenía las mejillas sonrojadas, se mordía los labios. —Espero hasta la noche —susurro en su oído y ella asintió. Al bajar, por la rampa de la camioneta, lo hice sin dificultad. Sentía la mirada laxiba de algunas mujeres, y también la mirada de pena. Esas miradas me habían hecho sentir mal al principio, ahora me daban igual. Briana caminaba a mi lado, lo hacía con Emma entre sus manos. Sabía que intentaba caminar, y a veces lo conseguía y otras veces no. —Emma ¿quieres venir aquí? —le pregunté, señalando mis piernas. Emma aplaudió, y Briana asintió. Juntos, anduvimos por un sendero de hormigón. A nuestro lado, varios árbol

