A pesar de lo bonito del lugar, hacía un poco de frío. Y más al borde de la playa, el clima empeoraba. —Si quieres nos podemos ir. —No. —Briana, pero tampoco quiero que te enfermes. —Es verdad... puedes enfermarte tú en realidad. Vamos, podemos tener algo en casa de... nuevo. —¿Tienes hambre de nuevo..? —pregunté divertido. —Yo... no me refería a comer de comida —dijo y me sacó la lengua. Me ayuda a subirme a la silla de ruedas sosteniéndola, y yo me empujé con mis brazos. Nos acercamos al vehículo, y subimos juntos dejando rastros de arena, y viendo a mi chofer de reojo, quién protestaba por haberlo ensuciado. —Lo siento —dije divertido y pronto continuamos el viaje. Aunque esta vez era en mi casa. Llegamos, las luces de afuera estaban encendidas. Tomados de la mano llegamos. B

