—Claro, tienes razón. Corrió, hacia el baño. —¡¿Quieres que llame a la farmacia?! —grité. Ella asintió con la mano y yo tomé mi teléfono. Media hora más tarde, estábamos los dos bañados, y Briana, en su mano una taza de té, mientras que yo estaba tomando mate. —Tengo curiosidad: ¿cómo hiciste para bañarte solo..? —Tengo una silla especial Briana, ¿nunca has visitado mi baño..? —pregunté. —La verdad es que no. —Además es bastante cómodo para hacer otra cosa —dije sugerente. Ella se rió, mientras masticaba una tostada con mermeladas. —Es increíble... después dicen que tener dinero no es importante. —Te saca de las preocupaciones. Aunque nunca te cura de ninguna enfermedad —dije con pesar. —Eduardo. Yo creo que pronto estarás bien y... —No Briana, eso no ocurrirá. No me digas fals

