—Briana, ¿piensas que nací ayer? —me pregunta mientras me toma de la cintura y se acerca. —No, cariño, eres perfecto —digo con una sonrisa falsa. Él insiste en que lo odio y que solo estoy con él porque no tengo otra opción. Bailamos a regañadientes durante toda la noche. Ya eran las 2 de la madrugada y Sebastián aún no había aparecido. Me sentía desganada, sabiendo que él sabía que estaba allí y no había venido. Quizás no le interesaba de la manera en que yo pensaba. Pero contra todo pronóstico, finalmente llegó. Apareció junto con algunas personas más, y la música se detuvo. Lautaro se acerca a él con una sonrisa cínica. Sebastián era más alto, musculoso y guapo que su hermano. Todo en él era simplemente mejor que Lautaro. —Hola, hermanito —dice Lautaro con una sonrisa cínica mientra

