Finalmente, llegó a un hotel y se tomó una larga ducha para refrescarse. Las lágrimas volvieron a caer de sus ojos, sintiendo la tristeza y el dolor que lo acompañaban. Pero también sentía la determinación de encontrar a Briana, de aferrarse a esa posibilidad de amor y felicidad. Con el anillo de su tía María en el bolsillo, Sebastián salió del hotel y se adentró en la ciudad desconocida, dispuesto a enfrentar cualquier obstáculo en su camino hacia Briana. Sabía que el camino no sería fácil, pero estaba decidido a luchar por aquello que le daba esperanza en medio de la oscuridad. Sebastián cubrió su boca y abrió los ojos con sorpresa, sin comprender qué era lo que veía. Giró la cabeza y pudo ver. Al llegar a la ciudad, todo era extravagante y no había silencio, formaba parte del día a dí

