Todos agradecieron al unísono y empezaron a comer. Sebastián se sintió bien y nostálgico. Cuando todos se fueron y él quedó solo con su tía mientras limpiaban, pensó en Briana. Sebastián se preguntaba si ella estaba bien, si ella lo recordaba y, sobre todo, pensaba mucho en si ella estaba con sus hijos. Principalmente, pensaba en ellas. Sin darse cuenta, estaba escribiendo el nombre de Briana en un papel con una lapicera negra. —¿Estás enamorado, niño? —preguntó su tía acercándose mientras terminaba de secar unos vasos. —No lo sé, tía —respondió dudoso, mientras dibujaba corazones junto al nombre. —Estás enamorado, niño —insistió su tía, dándole un codazo juguetón—. Pero ella está confundida, es decir, su exesposo vive con ella y también tiene un novio llamado Agustín. Y tú eres muy at

