En ese instante, Briana lloró sin comprender sus propios sentimientos. Eduardo entró al baño para tomar una buena ducha de agua caliente y se alejó hacia su vehículo, donde tenía las muletas. Se subió al vehículo especial, donde podía guardar la silla de ruedas, y se fue. Briana ni siquiera lo miró y Emma estaba muy distraída pintando. En cuanto Eduardo llegó al lugar del encuentro, se bajó del vehículo sin dificultad y tomó las muletas. Aunque podía caminar sin ellas, aún sentía un poco de miedo. El sentimiento de poder caminar por sí solo y sentir sus piernas era repentino. Eduardo llegó a la oficina donde Samanta ya lo estaba esperando en el pasillo de espera. —Ya estoy lista — comentó con alegría. — Al final no pude conocer tu oficina — dijo Eduardo divertido. —No hay mucho que ve

