—Caminar en la arena —comentó ella mientras se arremangaba los pantalones. — Te ves divertida —comentó Eduardo, riendo. —Y tú, ¿cómo estás, bonito? Con ese vestido un poco brillante. —Es para bailar o creo que salir, no para la arena —comentó Samanta apenada. — Después se lava —comentó él y le guiñó un ojo. —Gracias por traerme a este bonito lugar. — De nada, Samanta. —Mira qué bonito es el sol, se está ocultando detrás del océano —murmuró Samanta. — ¿Te gusta pintar? —preguntó curioso. —Soy pésima —comentó y ambos rieron. — Pensé que los arquitectos sabían un poco de pintura. —No todos. Yo sé dibujar muy bien, lo admito, pero pintar con pintura no. — ¿Y te gustaría aprender? —La verdad es que sí, me lo he planteado un par de veces. — Tengo un secreto que nadie sabe —comentó

