"¿Cómo se supone que una nuez puede estar sola?", preguntó divertido. "No sé, Esteban", respondí. "Mira, yo creo que lo mejor que puedes hacer es amarte a ti misma", dijo. "No necesitas a alguien para ser feliz, tienes que amarte a ti misma y valorarte para no sentirte sola". "Nunca me lo había planteado, creo que tengo la autoestima muy baja", confesé, recordando todas las cosas que había perdido por otras personas. "Pues entonces tienes que empezar por ti misma, date cuenta de que vales mucho, Briana. Eso te ayudaría mucho", aconsejó. "Supongo que sí", comenté con una sonrisa triste, y él la sintió. En esa semana, decidí seguir su consejo. Volví a ir a terapia, empecé a practicar meditación y a reflexionar sobre todos los errores que había perdonado en otras personas. Me di cuenta

