—Es tan extraño estar aquí de nuevo — murmuró Briana, perdida en sus pensamientos. —Sí, aunque yo ya me acostumbré después de tantos años trabajando aquí — comentó Melissa. —No sé cómo lo tomará Eduardo — dijo Briana, temblando ligeramente. —Tú debes mostrarte fuerte y decidida, nada de una Briana temblorosa — respondió Melissa, animándola. —Está bien — afirmó Briana, suspirando y reunido fuerzas. —Yo puedo, yo puedo — se repetía en voz alta. —Tú puedes, Briana, tú puedes — la alentó Melissa. Briana pisó la alfombra de la oficina y avanzó hacia la puerta de Eduardo. Dudó un momento antes de finalmente golpearla. —Pase — exclamó Eduardo al abrir la puerta. Eduardo se quedó sin palabras al ver que era Briana quien entraba. Se sorprendió al verla tan sensual y elegante, lo cual lo de

