Empieza a divertirme estos juegos con Edward, es como si yo estuviera provocando a un león todo el tiempo, con la diferencia que, este león no quiere asesinarme, pero definitivamente quiere hacerme cosas que estoy segura que voy a disfrutar, aunque ahora después de la cita con la doctora, no tendré más escusa para jugar con él. Cada vez que él me besa, las mariposas de mi estómago se convierten en orugas y baja hasta donde empieza mi culpa y placer, y eso me encanta.
─Puedes esperar un momento aquí, me gustaría que la cita sea únicamente entre la doctora y yo. ─dice algo inquieta.
─¿Segura? ─pregunta desconcertado.
─Será más cómodo para mí. ─asiente entrando en el consultorio cerrando la puerta frente a él.
─Buen día señora Argento, soy la doctora Karla Torner es un placer recibirla. ─tiende su mano. ─espero su trayecto hasta aquí han sido placentero. ─señala el asiento y ella se sienta con una sonrisa social.
─Bueno... ─abre el sobre de los exámenes que se ha hecho, mira los exámenes en silencio. ─Admito que me sorprendió que el señor Argento me solicitara, ya que la última mujer de la familia a la que vi, fue a su hermana Samantha. Una mujer muy elegante por cierto.
─¿usted conoce a la familia? ─pregunta mirando a la puerta.
─Mi familia entera ha conocido a su familia, de hecho la tradición empezó con mi madre, que atendió a la señora Esmeralda Argento, una mujer sumamente admirable. Ella me obsequió mi primera bata blanca. ─sonríe dejando salir un suspiro nostálgico. ─Lo siento, lamento en verdad si soy imprudente, pero el saber que el hijo de la mujer que junto a mi madre me alentó a seguir la misma carrera de ella, ahora planea su propia familia... por un momento me rebasó. ─sonríe
─Está bien para mi. ─asiente. ─Hay muchas cosas que no sé sobre mi esposo, y realmente para mi es agradable escuchar sobre ellas, su madre y su hermana. Aunque admito que fue una sorpresa, no había llegado a dimensionar cuantas personas lo conocen...
─En esta ciudad, toda persona conoce a los Argento, son una familia adinerada que por años se han dado ha conocer por su joyería, y las varias empresas, pero para nadie fue un secreto que la señora Esmeralda y sus hijos fueron los que rompieron el molde, no solo fueron sobresalientes en las mejores universidades, sino que fueron los pioneros en hacer beneficiencia real. ─añade.
─¿Sabe por que los seguiría la prensa? ─pregunta algo ingenua, lo que le causa un poco de gracia.
─La familia a la que usted pertenece tiene dos lados. Los Argento que sueltan el dinero a causa de escandalos, y los que se mantienen bajo perfil.
─¿y mi esposo cual es? ─sonríe divertida, haciendo sin intención alguna que la doctora se avergüence enseguida.
─Ah. Lo lamento, yo no...
─No se preocupe, pero ahora yo estoy avergonzada. ─sonrie. ─se supone que debo hablar de mi vida s****l con la persona que conoce a la familia de mi esposo...
─Pues, afortunadamente para las dos. ─sonríe más en confianza. ─es bueno saber que sus exámenes no tienen anomalías, y eso es bueno. ─¿tiene algún anticonceptivo que ya use, o...
─De hecho, no sé mucho de anticonceptivos, pero quiero que sea algo de bajo riesgo. No espero un embarazo, pero aun no tengo planes de uno...
─Hay algo que me llamó la atención y es que... ¿ha sufrido una...
─Hace casi dos años sufrí una pérdida que desconocía, pero no he tenido ninguna molestia al respecto. De hecho, tuve los cuidados respectivos.
─Y eso ha sido bueno. ─asiente. ─Si busca un embarazo, déjeme decirle que ahora es el mejor momento, no hay impedimento alguno, y su condición física está muy bien.
─Lo agradezco, pero no lo sabría decir en realidad. Por el momento me gustaría su recomendación para anticonceptivos muy seguros por el momento.
─En ese caso... ─empieza a escribir en sus notas. ─mi número telefónico personal está ahí. Si tiene alguna inquietud, o solo quiere ir por un café y platicar, por favor, no dude en llamar. ─sonríe.
─Muchas gracias. ─tiende su mano y ella se despide igual con una gran sonrisa.
No la conozco, no sé si es buena persona o no, pero cualquier persona que esté dispuesta a hablarme de la madre y hermana de mi esposo supongo que no deben ser malas personas, realmente espero que no. Porque la doctora Torner realmente me agrada, y parece que realmente conocía a la madre de Edward, y ahora que lo pienso, él ya no habla de ellas.
─Fue un gusto atenderla, cuando desee venga a verme. ─dice abriendo la puerta.
Edward está de pie en la puerta inmóvil cual estatua.
─¿Todo está bien? ─pregunta mirando únicamente a Ángel.
─Por supuesto que sí, ¿nos vamos? ─pregunta tomando su brazo.
─¿Eso es todo? ─pregunta nuevamente.
─Eso es todo señor Argento. ─dice Karla regresando a su silla tras el consultorio.
De pronto, así de la nada se empieza a sentir una especie de tensión entre Karla y Edward, la pregunta era ¿por qué?, pero pensándolo más a fondo, ¿será posible que ella y Edward tuvieran algo en el pasado?, después de todo ellos podrían conocerse, si la doctora conoce a su madre desde joven y casi podría decirse que los dos tienen casi la misma edad, todo encaja, pero sobre pensar no es bueno, y hacerse películas en su cabeza sin preguntar primero no parece algo bueno.
─El doctor espera arriba por nosotros. ─dice tomando su mano, sacándola de sus pensamientos.
─¿Me tardé mucho con la doctora? ─pregunta intentando averiguar algo.
─No más de lo que esperaba. ─sonríe al entrar de nuevo al ascenso.
─¿Conoces a la doctora? ─pregunta directa. Se conoce, y sabe que a menos que él le diga lo contrario, su mente y pesimismo no parará.
─No habría dejado que una persona extraña a mi familia tuviera una cita médica con mi esposa. ─aclara un poco evasivo. ─el doctor espera. ─abre la puerta para ella.
─Bienvenidos de nuevo. ─los recibe el neurólogo. ─le tengo muy buenas noticias. ─dice complacido. ─Su recuperación es rápida y casi absoluta, lo que es bueno. ─señala los resultados de rayos x.
─Entonces... ¿todo va muy bien? ─pregunta algo escéptico Edward.
─Va muy bien, aunque aún se debe mantener reservas...