Eres mío

1056 Palabras
─Tengo problemas de confianza. ─dice cerrando la puerta de la oficina. ─y no es cosa tuya, es cosa mía. ─empieza de nuevo a caminar de un lado al otro. ─solo diré que cuido a mis hijos como me hubiese gustado que me cuidaran, y sé que tus intenciones son buenas, pero contigo todo es extraño todo el tiempo, estamos en un vaivén. Un ejemplo es el tiempo que pasamos separados, casi dos años y luego apareces como si nada hubiese pasado, y por otro lado... ─No hay nada. ─la interrumpe. ─no hay nada que yo hiciera para lastimarte, y prometo que no importa lo que pase a partir de ahora no me voy alejar de ti, no lo haré. Usted y yo señora Argento, no iremos a ningún lado. ─¿hasta que la muerte nos separe? ─Si no es de pasión, me niego a morir. ─sonríe. ─Sabes qué... ─se acerca a él lentamente. ─se me ocurre que podríamos... ─Si... ─susurró muy excitado con su sola cercanía. ─Podríamos... ─baja su mano suavemente por su pecho. ─ir de compras. ─toma su mano y tira de ella sacándolo de la oficina. ─Empiezo a creer que lo disfrutas. ─refutó mientras sale muy en contra de su voluntad. ─Tal vez solo un poco... ─sonríe. Disfruta más viendo cómo él cambia su postura enseguida cuando salen a la puerta, ya que ante su personal y los demás se ve rudo, pero ante Ángel es muy suave y delicado. ─Que traigan el auto. ─ordena frío y distante a uno de los escoltas y este llama enseguida al chofer. ─¿Creés que los niños vengan con nosotros? ─pregunta viendo cómo los niños se acercan al verla. ─Si ellos se colan, no puedo comprar lo que quiero... ─No te preocupes... ─Má, ¿a donde va? ─se acerca Sandro. ─Voy. ─dice casi como súplica Jota en cuanto se acerca. ─Claro que pueden venir, pero tendrán que esperar a su mamá afuera del consultorio de la doctora. Pasaremos más o menos dos horas allá, y eso sí la doctora está disponible. ─dice y las caras de los niños pasan a verse aburridas. ─pensé que a lo mejor pasaban más divertidos en la piscina. ─voltea a ver a Ángel. ─bajo supervisión de las escoltas y dos guardavidas. Señoritas. ─aclara para la tranquilidad de ella. ─Que aburrido... ─bosteza Ángel para seguir el juego de Edward. ─Nosotros nos quedamos y vamos a la piscina, mejor la esperamos. ─dice Sandro y los tres corren dentro para cambiarse de ropa. ─Eres un mentiroso. ─lo empujó con sutileza. ─No fue mentira. ─abre la puerta del auto para ella. ─sí, vamos a ver al doctor, y aunque no estaremos más de lo debido, para los niños sería una eternidad. ─se sienta junto a ella. ─Una cita médica después de todo... ─suspira mirando a sus hijos por la ventana. ─El doctor nos espera. ─besa su mano dejando caer su cabeza sobre el espaldar. ─eres hermosa... ─suspira. Durante todo el trayecto, solo tomados de la mano él solo puede verla con brillo en sus ojos. ─¿por qué me miras así? ─susurra viendo al chofer con discreción. ─Porque... ─se inclina un poco más hacia ella. ─lo único que quiero hacer en este momento, es besarte hasta el alma. ─susurra a su oído. ─Eres un osito bonito de algodón. ─acaricia su mejilla y sonríe con burla. ─Lo suyo señora Argento, realmente ama torturarme. ─suspira ahogado. Le está costando mucho estar cerca de ella cuando ella lo provoca con toda la intención. ─Es divertido verte sufrir así, es gracioso. ─lo molesta mientras él niega con la mirada. Entre sonrisas y abrazos van el resto del trayecto al médico. ─¿que va a pasar si nos ve la prensa? ─pregunta viendo lo grande que es la ciudad. ─Usted es mi esposa, ¡que lo sepa el mundo!. ─besa su mano con ternura. ─Pero estoy en problemas legales, ¡que verguenza!. ─niega con la cabeza. ─solo te meteria en problemas. ¿No se supone que las personas con dinero tienen buena reputación, y si involucran con personas de mala fama les afecta? ─Llegamos. ─dice bajando del auto nuevamente con su postura tensa frente a todos. No quiero dañar su reputación, mientras más me mantenga al margen será lo mejor. ─pensó. ─Señor. ─se acerca uno de los escoltas. ─el lugar ya fue revisado, y la doctora lo espera. ─dice mirando por encima de su hombro por todos lados. ─Gracias. ─dice Ángel de pie junto a Edward, mientras él solo asiente. ─No sabía que ya habías enviado personas para la cita. ─entrelaza sus manos en la espalda mientras caminan al ascensor. ─No los envíe para la cita. ─aclara. ─Es su trabajo revisar todo lugar al que yo vaya, así resguardan a la familia. ─la toma por la cintura. ─No deberías... ─mira las manos de él rodeando su cintura mientras se abren las puertas del ascensor. Tan pronto como la puertas del ascensor se cierran, se lanzó sobre ella y la empuja contra la pared sosteniendo con sutileza su cabeza, mientras ella intenta procesar lo que hace con cierta diversión, la sujeta por las muñecas y las levanta sobre ella con una mano, mientras con la otra la sujeta por la cintura y la atrae a él con ferocidad. Sedienta de sus besos se deja llevar en cada uno de sus juegos, le fue imposible no estremecerse con cada una de sus caricias, y aún más al sentir su entrepierna casi llegando a su pecho. Se aparta enseguida con fuerza al expulsar su cuerpo por sus propias manos, en cuanto las puertas del ascensor se abren. ─Lo siento. ─dice bajando la mirada al suelo con una sonrisa. ─Yo tambien lo pude sentir. ─sonríe más excitada que avergonzada porque ya es bastante evidente, su m*****o resalta muy marcado en su pantalón. ─Solo dame un minuto. ─dice dándole la espalda a las puertas del ascensor. ─¿seguro? ─pregunta con una sonrisa burlona esperando que su cuerpo vuelva a la normalidad. Los escoltas le dan la espalda a Ángel y a Edward, era bastante claro que el momento era intimo. ─Usted, está jugando conmigo. ─regresa con ella cuando por fin puede calmar sus instintos desbocados. ─Claro. ─camina junto a él. ─pero usted fue muy claro. Usted es mi esposo. ─sonríe. ─Eres mío. ─lo ve coqueta, lo que lo enloquece aún más.
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