Ángel ni siquiera ha esperado que el auto en el que iban a Fernando y Ana salga de la propiedad de Edward, para para entrar corriendo a la casa y tomar su teléfono para llamar a Sabrina. Lo que Fernando le había hecho realmente la había dejado muy preocupada y no se molesta en disimular, y no tiene que hacerlo, su esposo sabe lo mucho que ella le ayudó, y claro que quiere verla bien. La desesperación se adueña de ella mientras escucha el timbre, más no su voz, pero una parte de esa incertidumbre se detiene al escuchar que se abre la llamada. ─Sabrina, ¡Hola!, ¿como estás?, sabes he soñado algo feo y pensé... Suspira con pesar, y antes de siquiera poder decir algo rompió un llanto al teléfono disculpándose una y otra vez. ─¿qué sucede?, no entiendo nada, ¿estás bien?, dime, ¿necesita

