Capítulo//01
Derek, aterrizó en Alemania. Cogió el jet privado, en el momento que firmó los papeles del divorcio, cuando vio a su exmujer por última vez. Ella le lloraba, pidiéndole perdón. Pero Derek, no perdonaba las traiciones, ni las mentiras.
Los periodistas, estaban ahí como buitres, echándole fotos. Él fue directo al coche e ignorándolos, la guardia real, le escoltaba hasta el coche.
El chófer puso rumbo a palacio, saliendo del aeropuerto. Derek, se mantenía serio, dolido. Le dolía todo lo que había pasado con su exmujer, aunque la amara, no podía perdonarla.
Saber lo que había hecho, saber que jugó con dos hombres a la vez. Saber que solo se fue con él por ser rey, que le había engañado y que esa niña no era de él. Eran muchas traiciones, muchas mentiras y él era incapaz de perdonar aquello.
Cuando llegó a la casa, el chófer le abrió la puerta y este salió de allí sin decir una sola palabra. Caminaba por los jardines de aquel palacio, totalmente serio, con el alma rota en mil pedazos.
Cuando entró, se encontró con su empleada. Sophie le vio y le sonrió, haciendo una reverencia. Derek la sonrió de lado y la guiñó un ojo.
—Hola, Sophie. — saludó este con educación. —¿Sabe donde están mis padres?
—Hola, alteza. — saludó de vuelta. —Su padre salió está mañana y aún no a vuelto. Su madre está en el jardín tomándose el té. — respondió con una sonrisa, Derek asintió y fue hacia el jardín. —Alteza, ¿Desea que le lleve algo de comer o beber?
—No, Sophie, Gracias. — ella asintió. —Bueno, solo si ha preparado ese pastel de fresa que usted hace.
—Si, alteza. Sabe que siempre se lo preparo, cuando regresa de sus viajes. — respondió.
—Entonces, póngame un trozo. — ella asintió con una sonrisa.
Sophie fue hacia la cocina y le fue preparando ese trozo de pastel. Maria apareció y se la encontró muy emocionada. Maria era la única mujer que se ganaba el cielo, la única amiga que si la aconsejaba de corazón. María era la única que sabía el enamoramiento de Sophie hacia el rey, ella le aconsejó lo que pasaría y de lo que podría pasar.
—¿Mi niño a regresado? — preguntó la mujer, ella no era solo una empleada, fue la nana de Derek.
—Si, me ha pedido que le ponga un trozo de pastel. — respondió con una sonrisa.
—Se nota que ha venido, solo hay que verte la cara, cariño. — Sophie sintió. —Pero tienes que tener cuidado, sabes que aquí hay más maldad de caridad.
—Lo sé, maría. Pero le amo y usted lo sabes, lo sabe mejor que yo misma. — María la cogió de las manos. —Sé que sueño en vano, pero mi corazón le ama.
—Lo sé, cariño. — la sonrió. —Ojala mi niño, se enamoré de alguien como usted. Anda, llévalo.
Sophie, con la bandeja salió de la cocina y fue hacia el jardín. Vio como el rey y su madre, hablaban y Derek se ponía serio y arrugaba su ceño. Ella le dejó el pastel en la mesa, y le sirvió el zumo de naranja sobre aquel vaso de cristal.
—Niña, vete ya. ¿No ves que estamos hablando? — exclamó la mujer con desagrado y está bajo la mirada.
—¡Madre! Yo le he dicho que me trajera el pastel, no seas tan ruin. — atacó Derek, defendiendo a la joven. —Puedes retirarte, Sophie, Gracias.
—No sé cómo te puede gustar ese postre, esa niña no sabe hacer nada. — dijo con asco.
—¿Lo has probado? — ella negó. —Entonces, no opines. — la mujer le miró con la boca entreabierta. —Es mi postre favorito, está riquísimo y siempre ella lo prepara. ¿Qué hay de malo en eso?
—Pues que vez de perder el tiempo en hacer pasteles de color rosa y limpie, que para eso la contratamos. — contraatacó. —Maria es la que se encarga de la comida.
—Ya, ¿y sabías que María le pidió ayuda porque no podía? ¿y cuando supo que Sophie cocinaba de maravilla pidió permiso a padre para que fuese cocinera? — bebió un sorbo de zumo. —¿Por qué en vez de mirar lo qué hace los demás? ¿Miras más por lo qué haces tú?
Se levantó y dejó a su madre en el jardín sola. Derek defendía a la muchacha, su madre la atacaba mucho, no entendía porque la tenía tanta rabia. Si Sophie era un cachito de cielo, un ser humano maravilloso.
Sabía que su madre era una mujer, muy estricta por la diferencia de estatus y realeza. Qué para ella la gente pobre no era de su condición, que solo era unos muertos de hambre que no valían nada. Qué solo eran gente que valían para servirla.
Derek vio eso en su familia, pero en su padre no. El señor Arnold, era un hombre maravilloso, con un corazón de oro. Pero su madre, era lo opuesto a él.
En el salón se encontró con María, que colocaba la besa en el gran salón. La mujer cuando le vio, se acercó a él, para dejarle un beso.
—Hola, mi niño. ¿Cómo te fue por allí? — preguntó. —¿Todo solucionado con esa bruja? — Derek rio.
—Si, ya estoy otra vez soltero, nana. — respondió. —Voy a la ducha, necesito asearme y ponerme cómodo.
—Claro, hijo, ve.
Derek, subió las escaleras y se metió en la habitación.
Por otro lado, Sophie, hacia la comida. A toda la casa le gustaba la comida que hacía la muchacha. Aunque la mujer no lo dijera, también le gustaba.
Pero para ella, era normal. Tenía que saber cocinar para servir a unos reyes, tenía que ser capaz de ser una empleada y ser mandada. Sophie era una muerta de hambre, para la mujer era así, una pobre que vive limpiando su casa.
Ada una empleada más de la casa, fue a la cocina y vio a Sophie sacando la olla del fuego. Ella con una sonrisa satánica, fue y tiro la olla al suelo. Sophie se llevó las manos a la boca y dejó caer sus lagrimas, todas la odiaban y no entendía el porqué, el porqué la hacían tanto daño.
—¡Dios! Lo siento, Sophie. — dijo ella fingiendo estar avergonzada. —No lo vi.
María apareció y vio el desastre que había en la cocina. Vio como Sophie intentaba recoger la comida del suelo y otra sonreía.
—Sophie, levanta de ahí. — dijo María levantandola del suelo. —Esto lo va a recoger ella. — Ada la miró borrando su sonrisa. —Tú lo has tirado, tú lo recoges. — le dio los trapos y la fregona.
—Maria, tengo que hacer de comer. Estaba hecho todo para la hora de la comida. — habló Sophie asustada.
—Ahora yo iré avisar a los señores y Ada se encargará de hacer la comida. — Ada estaba que se moría de la rabia.
María sabía que la odiaban y sabía el motivo, pero la iba a defender de esas arañas venenosas.