Los padres de Sophie se habían quedado mudos, como si les hubieran cortado la lengua. No sabían cómo reaccionar a la noticia, estaba claro que su hija había ido a Alemania por él, pero jamás imaginaron que se casara a escondidas. El matrimonio esperaban que dijeran algo, pero no hablaban nada, Sophie se estaba poniendo nerviosa y Derek igual.
—Decir algo, por favor. — pidió la joven mirando a sus padres.
—¿Os habéis casados? — preguntó su padre. —¿A escondidas?
—Si, aunque suene mal. — respondió Derek. —Señor, sé que lo hicimos mal, no quisimos hacerlo así, pero hubo complicaciones. Os pido perdón por como lo hicimos. — ellos asintieron. —Pero somos felices, muy felices.
—¿Por qué no nos lo dijiste, hija? No hay secretos entre nosotros. — dijo Abigail mirando a su hija.
—Lo sé, mamá. Quise hacerlo en persona, como ahora... No se enfaden conmigo. — pidió triste.
—No estamos enfadados, sé porque fuiste a Alemania y ahora tienes al hombre que tanto amas. Pero hacerlo de aquella manera, no estuvo bien. — exclamó Christopher. —Pero quiero una boda como Dios manda. — la pareja sonrieron.
—Bueno, pues bienvenido a la familia, Derek. — dijo la mujer.
—Gracias, se.... — ella levantó una ceja. —Abigail.
—Madre, ¿Saben algo de James? — preguntó por su hermano mayor.
—Si, nos llama todos los días. — Sophie asintió. —Se está divorciando.
Sophie no se estaba aquello, saber que su hermano se estaba divorciando. Aunque sinceramente se alegraba, esa mujer era mala, está cruel y se separó a James de su familia. Aunque si él se hubiese negado, jamás ella pudo lograr alejarse de su familia. Ahora él estaba en proceso de divorcio y daba gracias a Dios por eso.
—¿Por qué? ¿Te dijo el motivo? — la madre negó.
—Aunque me alegro, esa mujer enloqueció a mi hijo y que se estén divorciando, son melodías dulces para mis oídos. — dijo Abigail. —Cuando se divorcie, vendrá y se quedará en Nueva York.
—Tengo muchas ganas de verle, las veces que le he llamado, contestaba ella. — Derek se Mantenía callado, no sabía nada de su hermano. —Espero que venga pronto y saber de él.
—Él también te echa de menos, me pregunta mucho por ti. Pero no te ha llamado porque se siente avergonzado y por haberte dejado. — Derek levantó su ceja, como que no tenía excusas.
—Bueno, nosotros vamos a dormir. El viaje nos a dejado agotados y queremos descansar y mañana estar más frescos. — se levantó del sofá.
—Claro, descansad. — dijo el padre.
Derek siguió los pasos de su esposa, subieron las escaleras y entraron en la habitación de ella. Derek se quedó mirando la habitación, era muy grande y muy ordenado. Su cama era enorme, cabrían cuatro personas ahí. Tenía un baño personal y un clóset.
—¿Estás agusto? — preguntó la joven captando la atención de su marido. —¿Que te han parecido mis padres?
—Maravillosos, honestos y simpáticos, tal y como salen en la televisión. — ella sonrió. —Me han caído bien, la verdad.
—Ahora hay que descansar, estoy reventada y me cada vez me siento más agotada. — dijo ella quitándose la ropa, Derek la observó y mordió su labio. —¿Por qué me miras así?
—Me gusta mirarte, eso es todo. — ella asintió con una sonrisa. —Porque estás cansada, sino, te haría mía.
—Que bobo eres, cariño. — siseó ella en tono broma.
El matrimonio, se fue desnudando y ambos se metieron en la cama. Era cierto que el viaje les había dejado agotados, no era un viaje corto. Sophie estaba contenta de estár en su casa, de estar rodeada de la gente que le quería, aunque extrañaba a María.
Derek y Sophie, se abrazaron en cucharita, Derek la besó el cuello y ella sonrió.
—Descansa, mi amor. — se acercó más a ella.
—Tu también, cariño. — ambos cerraron los ojos y cayeron totalmente dormidos.
A la mañana siguiente, Sophie abrió sus ojos y se encontró con su marido dormido. Tenía su boca entre abierta y su torso fuerte y con algo de bello, frente a ella.
Sophie mordió su labio y se le vino a la cabeza una idea. Se metió debajo de las sábanas y masajeó la polla de su marido, él seguía sin darse cuenta. Pero ella seguía, liberó su polla y se la metió en la boca. Derek sonrió algo húmedo en su m*****o, sintió un placer que hizo soltar un gemido. Miró debajo de la semana y vio la escena más excitante y sexy a la vez, tenía a su mujer chupándole la polla. Derek lamió su labio, arqueo la espalda. Quitó las sábanas de en medio y agarró el pelo de su mujer.
Ella dejó de chuparle la polla y se colocó encima de él, colocó la polla en su entrada y poco a poco, fue bajando. Ambos soltaron un gemido bajo, para no ser oídos. Ella subía y bajaba, mientras su marido le agarraba de la cintura. Su mujer le estaba follando, le estaba dominando. La dejaría tomar un poco a ella el mando, pero él era el dominante, era la bestia en la cama.
La cogió del cuello y sin sacar su polla de su interior, la giró dejándola a ella debajo.
Cogió sus piernas y se las puso en los hombros, la penetraba suavemente, escuchando los gemidos de Sophie. Cada vez iba más rápido, más fuerte. La agarró de la cintura y la folló con más intensidad, la tapó la boca para que no gritara. Dos, tres, cuatro y cinco movimientos más y ambos se corrieron. Derek dejó esparcir su semen en su interior, su polla palpitaba en el coño de su mujer, la estaba mojando y dejando su liberación.
La dejó un profundo beso en los labios y salió de ella, colocándose a su lado.
Ella se levantó de la cama y desnuda caminaba hacia el baño, Derek la siguió y la iba a dar otra ronda de sexo bajó la regadera.
—¿Te duchas conmigo, nene? — dijo de forma seductora.
—Siempre. — respondió entrando con ella a la ducha.
Dos polvos más echaron en aquella ducha, ambos tenía un matrimonio que por el momento iba de maravilla. Sophie tenía un marido atento, cariñoso. Le daba amor, cariño y unas rondas de sexo inacabadas.
Estaba que siempre fuera así y que nada cambiará, que durmiera y despertara junto a él siempre. Que la hiciera el amor siempre, noche, tarde y día. Que fuese igual de bueno y cariñoso. Pero con esa bruja de suegra, no sabía cómo iba acabar las cosas.
Pero de momento, disfrutaba al máximo con su bello y hermoso esposo.