Capítulo//07

1051 Palabras
Derek aterrizó en Alemania, el chófer le esperaba. Él subió en la parte de atrás del coche y el chófer puso rumbo a palacio. Derek miraba por ventanilla, deseando llegar. Quería darse una buena ducha y dormir, esos dos días en Eslovenia, no había dormido bien. Por eso necesitaba hacerlo cuando llegara, pero antes, deseaba hablar con Sophie y comer un poco de su rico pastel. Cuando llegó, Derek bajo del coche y caminó hasta el interior de la casa. Cuando entró, su madre estaba sentada en el sofá, tomándose una copa de vino. Cuando sintió a su hijo, ella se levanto y fue hacia él, para dejarle un beso en la mejilla. —¿Qué tal el viaje? — preguntó y este miraba por toda la casa por si veía a Sophie. —¿Fue largo? —No, todo fue tranquilo. Ahora solo deseo ducharme y echarme un rato. — ella asintió, tras su respuesta. —Claro, ve. Les diré a la criadas que te hagan un café. — él negó. —No, le diré a Sophie que me dé un trozo de su pastel. — la madre paralizó y abrió sus ojos como platos. —Yo se lo diré, ve a la ducha. — le sonrió de manera hipócrita. Derek subió las escaleras y se encontró con María que salía de limpiar una habitación. María al verle, le sonrió y le dejó un beso en la mejilla. —¿Que tal, cariño? ¿Cómo te fue el viaje? — preguntó sonriendo. —Bien, nana. — respondió. —¿Donde esta Sophie? Necesito hablar con ella. — María se puso sería y mordió su labio. —Tenemos que hablar. — él asintió. María le cogió del brazo y se lo llevó a la habitación, y Derek cerró la puerta. —¿Nana, que pasa? — preguntó mirándola. —Hijo, Sophie fue despedida. — Derek se puso serio, su entrecejo se arrugó y apretó su mandíbula. —¿Como dices? — expresó mirandola con los ojos entrecerrados. —¿Cuando? ¿Quién lo hizo? —Cálmate, hijo. — dijo ella. —Fue tu madre, fue el mismo día que tú te fuiste. — Derek llevó sus manos a la cabeza. —La pobre se fue llorando, porque no tenía a donde ir. —¿Con que derecho mi madre hizo eso? — alzó la voz. —Voy hablar con ella, no tiene derecho hacerlo. —Hijo, es tu madre. — él negó. —No, María. Ella no tenía porque despedirla. — siseó. —Sophie no tiene a nadie. — se sentó en el borde la cama. —¿Sabes dónde está? ¿Se fue a Nueva York? —No, la dejé que se quedará en mi casa. — respondió, sentándose a su lado. —Maria, eres la mejor, gracias. — la dio un beso en la mejilla. —Voy hablar con mi madre. Derek salió de la habitación hecho una furia. Enterarse que Sophie fue despedida cuando él, se había negado. Pero la iba a dejar las cosas claras, ella iba a volver. Pero no como empleada, si no, como reina. Buscó a su madre por toda la casa, hasta que la vio en el jardín. Fue hacia ella con pasos firmes y se colocó frente a ella. La madre al verle, le sonrió. —¿Hijo, qué pasa? — preguntó cuando él la miraba con seriedad. —¡¿Cómo fuiste capaz?! ¡¿Cómo eres tan hipócrita, de mirarme a la cara no decirme nada?! ¿pensabas que nunca me iba a enterar? — hablo con los dientes apretados y con un mosqueo muy fuerte. —¡Contesta! —A mi no me grites. — exclamó la mujer. —Si, la despedí, no quería tenerla aquí. — dijo levantadose. —No iba tenerla aquí, cuando veo algo más entre vosotros. —Estas muy mal, necesitás tratamiento. Eres mezquina, cruel. — la miró fijamente. —Ella volverá y no tendrás voz ni voto en esta casa. — la enfrentó. —Soy el rey y yo mando aquí, tú no pintas nada. Sophie volverá y no podrás hacer nada. —No me retes, hijo. — sonrió. —Puedo echarla. —No, porque no eres nadie. Yo si quiero puedo echarte de aquí. — ella se puso sería. —¿Todo esto por una muerta de hambre? — preguntó cruzándose de brazos. —Hay muchas mujeres y mejores que ella. —Tú eres simple, porque vayas donde vayas, hay mujeres mezquinas. Te amo, madre. Pero me conoces y cuando alguien se aprovecha de otra persona, no me detengo en ser un rey. Deja de dañar a la gente, que un día, te lo harán a tí. — advirtió. —Sophie, volverá y cuando regrese, no será tocada. Salió del jardín dejando a su madre confusa y totalmente enfadada. Esa mujer volvería y no podía hacer nada... La mujer sonrió, con una sonrisa malvada. «Si yo no puedo echarla, ella misma lo hará.» pensó ella con una sonrisa. Derek salió de la casa corriendo y fue hacia el primer coche que vio, subió y arranco, para después salir de allí. Iba en busca de Sophie, iba a buscarla y suplicarle que no se fuera a Nueva York. Ella iba a regresar con él, pero de otra forma, llevando un anillo en su dedo y siendo la reina de Alemania. Ver lo que hizo su madre a sus espaldas, lo sintió como una traición. Es cierto que su madre la odiaba, pero echarla sin tener a nadie en la ciudad, fue mezquino. Gracias a María que ella, tenía un techo vivir y una cama para descansar. Cuando llego, salió del coche. No espero más y subió las escaleras de dos en dos. Tenía la respiración agitada, su corazón iba a un ritmo acelerado. Todo por verla y que no se haya ido aún. Si, María la dio un techo, pero si ya no tenía trabajo, ¿Para qué iba a quedarse? Cuando llegó a la planta, llamo a la puerta seguidamente. Pero cuando aquella puerta se abrió, vio a una Sophie en pijama y una coleta. Una mujer que lo miraba de arriba abajo sin comprender que hacia él ahí parado. Fue a buscarla, porque seguramente, se había enterado de todo. —Hola, pequeña...
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