— Esto no es normal… — Murmuró Marcela mientras miraba por la ventanilla. Nubes. Solo nubes. Y silencio. Selene no respondió. Estaba rígida en su asiento, con el cinturón puesto, las manos sobre las piernas, apretadas con fuerza. — Nos íbamos a montar en un vuelo comercial. Teníamos boletos, asientos, todo. ¿Por qué mierda estamos en un jet privado? ¿Quién demonios hace eso? — Selene respiró hondo, pero su voz no salió con calma. — Mi padre. — Marcela la miró. — ¿Estás segura? — ¿Quién más tendría el poder de hacer esto? Nos sacaron como si fuéramos prisioneras. ¿Viste cómo nos rodearon? No nos dejaron ni llamar. Esto no es una cortesía, es una jodida mierda. — Marcela negó con la cabeza, molesta y nerviosa al mismo tiempo. — ¿Y tú crees que esto es para hablar contigo? Porque si es as

