El sonido del cuero golpeando se mezcla con el eco de la respiración agitada de Dominic. Está sin camisa, los nudillos rojos, sudor deslizándose por sus hombros tensos. El saco de boxeo rebota con cada embestida, como si quisiera devolverle los golpes pero no pudiera. Hace horas que no duerme. En realidad, hace días. Pero hoy… hoy es distinto. Hoy es el día. Cinco malditos días. Cinco días en los que ha contenido esa necesidad voraz de ir por ella. De tenerla al frente. De hacerla hablar. De oler su perfume y leer en sus ojos si lo odia, si lo desea, si lo recuerda. Golpe. Golpe. Golpe. Su mandíbula está tensa, la mirada afilada. La puerta del gimnasio se abre sin permiso. Dominic no se gira. Ya sabe quién es. Leandro. Vestido con su discreto traje oscuro, sin corbata, los pasos sil

