Sigamos... La dejó sin voz. Sin fuerza. Marcada. Plenamente consciente de que había sido tomada, dominada, deseada hasta el último aliento. Y aunque su cuerpo gritaba por descanso, su alma… su alma ardía por otra ronda más. Selene apenas podía moverse. Su respiración aún temblaba, su cuerpo rendido y tembloroso, las piernas completamente inútiles. Se dejó caer en la alfombra, jadeando, con los ojos entrecerrados. Dominic la observó en silencio por unos segundos. Su pecho subía y bajaba con lentitud, aún con el calor de ella en sus manos, pero sus ojos oscuros ahora estaban cargados con otra cosa: satisfacción, orgullo... y algo más profundo que no se atrevía a nombrar. Sin decir una palabra, se alejó unos pasos y recogió sus pantalones. Se los colocó con calma, tomándose su tiempo. De

