La mansión Cross era un mundo aparte. Silenciosa, elegante, intimidante. Selene entró con paso firme, pero con el estómago en un nudo. Fue conducida hasta un salón que parecía sacado de una revista de lujo. Todo allí hablaba de él. De su estilo. De su control. Y cuando la puerta se abrió, y Dominic apareció al otro lado… fue como si el aire cambiara de densidad. — Qué sorpresa. — Dijo él sin una sonrisa. — No pensé que vendrías tan pronto. — No vine por cortesía. — Respondió ella, sin bajar la mirada. — Vine a hablar contigo. A aclarar cosas. — Él se acercó con esa calma que tanto la desconcertaba, y se sirvió un whisky. No le ofreció. Se sentó como si fuera su reino —lo era y la observó en silencio. — ¿Quieres aclarar cosas? Adelante. — Selene sintió un leve temblor en la garganta, p

