Little Black Dress

2344 Palabras
"Esta será tu nueva habitación, tendrás que compartirla con la joven Michelle Braun. Ponte cómoda y descansa lo que puedas que las clases comienzan dentro de 20 minutos" dijo la rectora tratando de cenar amable, sin embargo, todo lo que transmitía era frialdad pura. Si bien tengo entendido que este internado es el más prestigioso de Europa, debo admitir que parece una cárcel para perros. Es que claro, No todos son hombres lobos. Al parecer también hay personas que son hijos de licántropos, pero que a pesar de sus genes, La Diosa de la luna no les asignó un lobo para desarrollar. En todo lo que va de recorrido, pude notar distintos grupos definidos dentro de este lugar. Como una prisión cualquiera. Por los momentos voy a observar a cuál grupo me interesa entrar, puesto que, al igual que en la cárcel, necesito a pertenecer a un ¨clan" para poder sobrevivir al internado. Doy una última mirada al espejo enfrente de mí y sacudo mis rizos salvajes que caen por sobre mis hombros, debo admitir que este uniforme no me sienta nada mal. es el típico conjunto de camisa de botones Blanca a juego con falda de cuadros estilo escocesa, no obstante creo qué la talla americana que suelo usar la han confundido y me han dado una un par de tallas más pequeñas. No me queda como un conjunto de diseñador, pero tampoco pienso quejarme. Estamos en verano y es la mejor prenda qué puedo utilizar para el calor y para atraer una que otra mirada. No pierdo más el tiempo y de camino a mi salón de clases recibo miradas de los alumnos a mi alrededor, era de esperarse, puesto que el año escolar inició hace 5 meses, soy la chica extraña, nueva que llega a mitad de año. Me recibe un profesor de aproximadamente unos 60 años con una mirada ofuscada en su rostro, "Guao, vaya forma de comenzar el día", opiné para mis adentros. -Crystal White, según su expediente: rebelde, indisciplinada y falta de respeto. Llega 5 minutos tarde a mi clase. Quiero que sepa que esto se lo voy a perdonar únicamente por qué es su primer día, pero esto no se repite en mi clase a menos que desee una suspensión sin derecho a prórroga-comenta casi gritando el profesor de ciencias universales. "Joder, vaya expediente me ha dejado mi querido padre", murmuré entre dientes y con una sonrisa muy hipócrita asentí hacia el que sería mi profesor por el resto de la preparatoria. Puedo sentir la mirada de todos y cada uno de él los presentes en este salón pegada a mi nuca, pero hay algo que se siente diferente en este lugar. No hablo solo del instituto en general, desde que entré al salón puedo sentir cómo el ambiente se ha puesto pesado de un segundo a otro, vuelco una mirada rápida repasando a mis compañeros notando como una mirada profunda me acecha desde el fondo del salón. Unos ojos tan azules como el cielo, pero profundos como el océano me miren intensamente, sin embargo, la expresión de este chico no me sugiere nada. Su rostro se encuentra tapado con la capucha de su suéter, impidiéndome ver sus facciones. Podría jurar que por un segundo el tiempo se detuvo a mi alrededor, nuestras miradas conectaron de tal forma que puedo escuchar como mi sangre bombea con fuerza en mis oídos, es una sensación nueva y atrapante que me consume por completo. No estoy loca, eso lo tengo claro. Pero, desde que entré a esta habitación, un olor a pino ha inundado la habitación por completo. Seguramente es por la temporada de invierno. Con mi cuerpo temblando como gelatina, tomo asiento junto a una chica rubia que espero no sea mi… -¡Hola! Seré tu nueva compañera Michelle Braun, espero podamos llevarnos No podía tener peor suerte, la persona más hueca y superficial de toda la clase era mi compañera de cuarto y no dejaba de sentir la mirada penetrante de ese chico al final de la clase. Me asusta sobremanera, porque no es el hecho de que no deja de mirarme desde que llegué, es el hecho de que… No me desagrada del todo. *** Luego de una larga clase, puedo decir con total firmeza que no entendí nada de lo que quiso decir el profesor. Es que entre la cotorra de bote que tengo a mi costado y la mirada ardiente que tenía pegada a mi nuca, no pude concentrarme. Odio demasiado como un desconocido puedo sacarme de mis casillas sin siquiera decir una sola palabra, por lo que he decidido ir a confrontarlo apenas termine la clase. El timbre que anuncia el descanso suena en el pasillo, esta es mi señal para actuar y decirle sus verdades al psicópata que no deja de mirarme. Sin embargo, cuando volteo… ya no está. Me consigo con un asiento vacío, echo una mirada rápida a la puerta y veo como apenas está siendo abierta por unos alumnos. "¿Me lo habré imaginado?", pensé para mis adentros. No, había sido real, tan jodidamente real que se me había puesto la piel de gallina de solo recordar como me miraba fijamente. Doy un repaso rápido al salón, fracaso terriblemente. Estamos en un país donde si bien hay estudiantes de todo el mundo, los locales alemanes también vienen a este instituto, por lo que los ojos verdes y azules abundan en la clase y por los pasillos. Pero de algo si estoy segura, unos ojos así no se repiten en la vida. -Hola, guapa. Seguro has escuchado hablar de mí, verás… soy el capitán del equipo de soccer-dice un rubio muy alto que se para frente a mí, o más bien sobre mí, su enorme estatura me sobrepasa por casi dos cabezas. Sus ojos son azules, pero claramente no son los que vi. -No tengo idea de quien eres. Respondo de forma (quizás) muy ácida, no es mi intención subirle el ego a ningún machito cualquiera. A decir verdad, mi comentario no parece inmutar la sonrisa estúpida que lleva en su rostro. -Eres nueva, cariño. Me llamo Arnold y tendré una fiesta esta noche en la terraza de mi edificio…- la muralla de músculos que tengo frente a mí, ha acaparado toda mi atención. ¿Fiesta? De un momento a otro, Arnold ha pasado de ser un zoquete a ser un zoquete interesante. No me malinterpreten, es guapo. Pero lo que tiene de atractivo lo tiene de imbécil. -¿Puedes hacer fiestas? Tenía entendido que esto era lo más cercano a un reformatorio de menores. -Tengo mucha influencia en este instituto, por lo que a veces puedo usar esa influencia para traer un poco del exterior al interior. -¿A qué hora? Este me mira de arriba abajo antes de responder, en su rostro puedo notar el deseo que se filtra en su interior. -Empieza a las 10, pero tú y yo podemos empezar la fiesta desde las 4. Sonrío hipócritamente antes de sonreír y voltearme para salir del salón, era obvio que intentaría ligarme de una forma u otra. No obstante, yo solo quería saber dónde sería la fiesta, el grandulón cuando inicie la "fiesta" estará muy intoxicado en drogas y alcohol como para intentar algo conmigo. No hay nada de que preocuparse. -¡Nena! Tenemos que conseguirte un vestido ya mismo ¿Está bien? El idiota de Arnold solía ser mi novio y siempre invita a mis amigas para intentar darme celos de alguna forma, es tan estúpido. A veces no puedo entender como pude estar con alguien así…-y así siguió parloteando de camino al comedor. Tranquila Michelle, yo si lo puedo entender fácilmente como pudiste estar con el joven "soy el más popular de aquí". Supongo que tener de compañera a la protagonista de Legalmente Rubia como compañera de cuarto no sería tan malo después de todo, al menos tendría el outfit asegurado para esta noche. En el comedor, intenté conseguir al dueño de los ojos azul profundo que me escudriñaba en clases, pero fue en vano. Una corriente de aire me atravesó en mi espalda, podía sentir su mirada y el intenso olor a pino de los alrededores por alguna razón se había intensificado. Sin embargo, algo raro pasó, nadie me estaba mirando. Había una lechuza a o lejos parada en una rama, podría jurar por todo lo que tengo que ese animal me estaba viendo. Lo que me faltaba, me estoy volviendo loca. -¿Tú crees que deba usar la falda o el vestido?-pregunta mi compañera de cuarto a mi costado, asiento descuidadamente mientras responde que la falda sería buena opción, por alguna razón se siente muy familiar este momento. Llegaron unos chicos a intentar ligar con Michelle, por lo que cuando esta se distrajo fue mi momento para caer de clavado en la piscina de mis pensamientos. Supongo que extraño a mis mejores amigas. Es la primera vez que saldré de fiesta sin ellas, además, por más que me cueste admitirlo… También extraño a mamá y a papá. No, sigo molesta con ellos. Son la razón por la que me encuentro en este lugar, lejos de mis amigos, mi instituto y mi vida en general. Espero mi hermanita no me necesite, deseo que no me extrañe ni tenga este vacío tan desagradable que tengo en mi interior. Por eso necesito esta fiesta, tengo que drenar esta sensación tan desagradable que cargo. Y que mejor forma que bailando y consumiendo alcohol hasta el amanecer con decenas de chicos guapos. Tenía una sola cosa clara esta noche, encontraría al chico de ojos azules y lo enfrentaría a toda costa. *** Luego de unas cuantas horas de cuidado personal con mi nueva "amiga", estamos listas para la diversión. Michelle está usando una falda de color rosa Barbie a juego de un top blanco y tacones del mismo color, por mi parte yo opté por un clásico little black dress, con labios rojos y unas plataformas de una tonalidad más oscura. Parecíamos opuestos, desde su cabello rubio por la cadera contrasta con mi melena morena de rizos salvajes, nuestras personalidades eran muy diferentes y eso se nota a kilómetros tan solo viendo nuestra forma de vestir. -Eres una gran amiga Crystal ¡Ahora vamos a divertirnos! Salimos rumbo a edificio ubicado en el área norte del campus, muy cerca del bosque de expediciones, por lo que no me extraña nada que Arnold viva por estos lados. Michelle se conoce el camino de memoria, igual no era tan difícil encontrarlo porque desde hace dos edificios se escucha la música a tope, en las escalera nos encontramos una que otra pareja dándose afecto para adultos. Al llegar a la terraza bastó solo unos pocos segundos para quedarme sin aliento. Y vaya que eso es complicado. Si pudiese describir todo lo que está a mi alrededor en una sola palabra, esta sería sin dudarlo: Libertad en el infierno. Era como estar en uno de los mejores clubes nocturnos de Estados Unidos, pero con los ardientes modelos europeos que tiene Alemania para ofrecer. -¡Estos hombres están buenísimos!-grité a mi acompañante que me ofreció un chupito de la nada-¿Estás segura de que son menores de edad? -¡Son licántropos alemanes, baby! Eso es lo más cercano que encontrarás a un Dios Griego en la tierra-y sin más, mi compañera de cuarto empezó a caerme mejor con cada shot que nos dábamos. -¡Prost! (Salud)-soltamos a todo pulmón en nuestra quinta ronda de chupitos, esta vez supongo que brindaremos por alguna tontería. -¡Brindo por Arnold que es un estúpido que hace fiestas de puta madre!-suelta entre dientes, Michelle y yo lo estamos dando todo en la pista de baile. -¡Brindo por mi padre! Que me envió al paraíso de las fiestas, alcohol y chicos guapos-grito con la voz entrecortada. Mi nueva amiga y yo estallamos en risas cuando terminamos nuestro júbilo, a pesar de estar pasándola genial… Algo no andaba bien. Pude sentir esa mirada otra vez en mí. Él estaba aquí. Ese hormigueo que me recorre el cuerpo es sumamente excitante. Miro a mis costados y no puedo distinguir a nadie, supongo que si no se acerca tendré que provocarlo. Un chico de mi clase me mira de reojo, lo tomo de la camisa sin ningún tipo de vergüenza y lo pego a mi cuerpo al ritmo de la música. Alzo la mirada sobre su hombro y… bingo. Lo encontré. Estaba recostado sobre la barra de cocteles y era, joder era enorme. Viste un jean a juego de una camiseta blanca y una chaqueta de cuero, sostiene una cerveza muy cerca de su cara rozando sus labios. Es malditamente hermoso. Su rostro pálido se encuentra bordeado por una fina capa de recién afeitado, su rostro limpio resalta aún más con su cabello n***o que se encuentra recogido en una cola pequeña y su mirada. Joder, esos malditos ojos. Era él, el chico que me estaba viendo en mi clase, el que me observaba en el almuerzo y que ahora estaba matando a mi compañero de baile con la mirada. Pude distinguir como le decía a un chico algo al oído y después se volteó camino a las escaleras. No, no, no, no. Entré en pánico, no puedo dejar que se vaya así como de esta manera. Salí corriendo detrás de él, no me importó nada. Ni Michelle o el chico que segundos atrás estaba prendadísimo dándolo todo en la pista de baile. Necesitaba… no sé exactamente que es lo que necesito de ese tipo ni porque me siento tan intrigada, pero me prometí confrontarlo y eso haré. Salgo por la puerta trasera del edificio y logro ver como su enorme figura se escabulle entre los árboles. Lo sigo. No me importa nada en este momento, mis tacones quedaron olvidados en la entrada del edificio. Mi respiración es entrecortada y cuando pienso que por fin lo encontré… Me encuentro completamente sola en el medio del bosque.
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