Mierda, lo que me faltaba.
No medí por un segundo que estaba haciendo y ahora estaba muy lejos del instituto, tenía una cantidad indecente de alcohol en mi cuerpo y ahora lo único que quería era volver a mi cuarto y dormir 24 horas seguidas.
Puedo ver a lo lejos a un grupo de chicos que se aproxima, todo mi cuerpo entra en estado de tensión temiendo lo peor. Trato de retroceder, mi costado choca contra un tronco, estoy muy borracha para coordinar correctamente.
Sin embargo, no ocurre nada.
Abro los ojos lentamente, no me había dado cuenta de que los había cerrado y me encuentro con el torso de alguien… El olor a pino crece en el ambiente y quedo hipnotizada por un momento, los ojos color cielo que había visto a lo lejos tantas veces, ahora me miraban fijamente a escasos centímetros de mi cara.
Podía sentir su aliento mentolado contra mi rostro, podía escuchar el zumbido de mi corazón a toda máquina en mis oídos. Estaba por decir algo, pero él apoyó más su brazo sobre el tronco, tapando mis labios con su dedo índice.
Me voy a desmayar en cualquier segundo, eso está muy claro.
Sus ojos me escudriñan fijamente y todo parece desaparecer a nuestro alrededor, así como ocurrió en el salón de clases.
Me dejo llevar por las sensaciones que emanan de mi cuerpo y cierro los ojos, pero mi burbuja de añoranza se ve interrumpida por un movimiento brusco de su parte.
-Ya los chicos se fueron.
La realidad me cayó encima como un balde de agua fría, estaba en medio del bosque con un desconocido que me acosa desde que llegué a este nuevo instituto de intercambio.
-¿Por qué siempre me estás viendo?-pregunto sin rodeos, quisiera que mi voz sonara fuerte en este momento, pero los grados de alcohol en mi organismo le ganan a mi cordura.
-¿Por qué me seguiste?-me responde con otra pregunta que a decir verdad, no sé qué responder.
-Yo… Porque quería decirte que no me estés acosando en todo momento, es extraño.
Este aparta la mirada de los árboles y procede a verme a los ojos con una ceja arqueada.
-¿Te parece que yo soy el acosador, y tú que me seguiste luego de una fiesta por un bosque solitario? ¿Eso en qué te convierte a ti?
Joder, mi rostro se sonroja con fuerza, ha logrado avergonzarme, sin embargo, no le daré la razón.
No sabe que soy hija de señor más cascarrabias de todos.
-Te seguí para confrontarte, me interesa saber absolutamente nada de ti.
-Vale.
Dice sin más, he venido hasta acá a decirle sus verdades a la cara y, aun así, no me siento satisfecha. Él solo está de pie con una postura relajada acompañada de una sonrisa burlona, viéndose tan caliente y fresco como una lechuga.
Por mi parte, seguro parezco una prostituta barata sin mis tacones y mi cabello despeinado por todos lados.
-¿Tienes algo más para decir, Crystal?-joder, mi nombre sonaba tan exquisito entre sus labios que por un momento no pude apartar mi vista de sus labios.
Un momento...
-¿Cómo sabes mi nombre?-pregunto sonando "molesta"
Este sonríe, fin.
Me ha dado un pequeño ataque al corazón, sin duda alguna es el hombre más guapo que he visto en mi vida.
-Porque lo dijo el profesor esta mañana, corderito. Si tu ego no fuese tan grande seguro recordarías eso y no pensarías que soy un acosador.
No solo es el más guapo, también el más idiota.
-Vete a la mierda.-le suelto y cojo cualquier camino que me lleve lejos de el.
-¿Si sabes que ese no es el camino al campus, verdad?
-No sé, ni me interesa.
Miento descaradamente, ahora lo que más quiero es llegar a mi cuarto y dormir.
No logro dar medio paso más cuando el desconocido me toma en su hombro cargada como a un saco de patatas.
-¡Joder, suéltame!-grito a duras penas, que vergüenza se me deben notar todas las bragas en este mismo instante-¡Ni te atrevas a verme el culo!
Sin embargo, este no responde y en cuestión de unos pocos minutos, nos encontramos frente a mi edificio.
Más específicamente, junto a mi puerta.
-¡¿Cómo sabes dónde vivo?!-pregunto indignada.
-Sé muchas cosas de ti, Crystal-dice y cuando está por irse, lo tomo del hombro.
No sé qué estoy haciendo, el alcohol ha tomado control sobre mí.
-¿Cuál es tu nombre?-murmuro con un puchero en mi rostro, sus ojos se clavan en mis labios y se relame los labios, joder. Eso fue una lanza directa a mi vientre.
-Salvatore, Salvatore Rametti.
Borracha de su cercanía y tequila, cierro los ojos durante unos segundos para saborear su nombre.
-Salvatore.
Puedo ver, como todo en él se oscurece. Su mirada pasó de ser juguetona a una ardiente y sus brazos rodearon mis costados dejándome acorralada. Su respiración pesada se me hacía tan jodidamente caliente.
-No vuelvas a decir mi nombre así, te lo pido-suelta entre dientes.
Me retuerzo entre sus brazos, tenerlo tan cerca era como poner un helado bajo el sol del verano. Me estaba derritiendo en este mismo instante.
-¿Qué pasa si lo digo?-susurro muy cerca de sus labios.
-Perderé el control y tendré que hacerte mía.
Aprieto mis muslos ante la humedad que crece entre mis pliegues, es increible que esto me ocurra. Jamás me había pasado esto con nadie.
Soy virgen, aunque no lo parezca.
Ningún hombre en mi vida había llegado a provocarme de tal forma sin siquiera tocarme.
-¿Y qué pasa si eso es lo que quiero?-suelto en un suspiro.
Este me mira con deseo, parece dudar hasta que algo parece colarse en sus pensamientos.
-¿No piensas esperar a tu mate para eso?
-Dudo mucho que él me esté esperando para eso, además de que hueles delicioso y me pones mu…–me interrumpe.
-Por favor, dime que tú no haces estas cosas, te lo pido.
¿Y a este qué le picó? ¿Se ha convertido en un mojigato conservador de un momento a otro? Sus nudillos se han puesto completamente blancos, su mandíbula está tensa y parece que en cualquier momento se va a romper algo…
-Dímelo, Crystal. Así sea mentira, por favor. Mi bestia tomará el lugar si no haces algo pronto y no quiero lastimarte-dice con los ojos rojos.
Mierda, jamás había visto a nadie hacer eso, es tenebroso y a la vez fascinante.
-¡Yo no tengo por qué decir esas cosas! ¿Quién te crees que eres? Además, si yo quiero tener sexo contigo Salvatore no tendrías porque-me veo interrumpida por una estampida.
el tiempo se congeló, sus labios chocaron con los míos duramente en un beso salvaje y lleno de necesidad y dominación. Su lenguaje corporal emanaba fuerza, en un segundo abrió la puerta de mi cuarto y me tumba en la cama.
-Te haré mía, te marcaré de tal forma que borraré a todos los hombres que han pasado por tu cuerpo. Los mataré, uno a uno, hasta que no quede ningún rastro sobre la faz de la tierra que otro hombre te poseyó.
Sus palabras son tan espeluznantes, pero por alguna razón solo logra excitarme más y desearlo con más fuerza.
-Hazme tuya, por favor-gimo cuando sus besos pasan de mi clavícula, el placer se extiende por mi cuerpo desde lo más profundo de mi vientre, sensaciones nuevas me embargan de golpe, es muy intenso- por favor, te lo pido.
Para este punto, me encuentro completamente desnuda sobre mi cama, mis muslos se encuentran abiertos dándole la bienvenida a su promesa prohibida... La vena de su cuello sobresale y su mirada... todo en él parece un animal.
La bestia ha tomado el control, no puedo soportarlo más y cuando creo que se va a quitar la ropa, este hace algo que me deja completamente atónita.
Se va de la habitación dejándome completamente sola.