Esto debe ser un sueño, sí, definitivamente debo estar soñando...
Pero quién se cree que es...
Que diablos...
Que se supone que debo decir ahora.
En toda la habitación se escuchó un “OHH" ... Mis padres estaban impactados, demasiadas sorpresas en un día. Mi mamá iba a empezar a hablar, pero es mi papá quien le aprieta la mano y le hace una seña que solo ellos entienden, para que tomé la palabra.
Es increíble cómo conoce mi mamá a mi papá para que con solo una mirada, una seña o en este caso un apretón en sus manos entiendan lo que ambos quieren decir... Es muy bonito. Ojalá yo pudiera vivir eso con un hombre, pero por cómo van las cosas, el amor de mi vida no sé dónde podrá estar y este hombre actúa por si solo.
— Señor De Lucca como comprenderá esto es demasiado rápido para nosotros, ella es nuestra pequeña hija.
— Lo entiendo señor Carlos pero puede confiar en mí cuando le digo que mi única intención es hacer feliz a Ámbar. — responde Pierre con voz sería.
Un intercambio de miradas fugaces sucede en un intervalo de minutos, cuando mi padre dirigiéndose a Pierre le indica
— Podría usted acompañarme un momento afuera por favor. — haciendo señas a la puerta por dónde minutos antes habían salido los doctores.
Seguramente la intención de mi padre es hacerme a un lado en una posible discusión con Jean Pierre, claro, que más. Los doctores le dijeron que no podían someterme al estrés y esto si que es estresante, por no decir más. Pero lo que no imagina mi padre es que siento más angustia de esa manera, de no saber lo que están hablando.
Jean Pierre me mira y entiende de alguna manera lo que estoy pensando, porque se inclina hasta mi, me agarra con una de sus manos desde la nuca y con su dedo pulgar hace caricias en mi cara, para luego posar su dedo en mi boca, se acerca más para que solo yo pueda escuchar
“Shhh no tengas miedo Principessa, todo va a estar bien. Confía en mí" Sonríe y me besa. Su beso. Ese beso. Un beso que no dura mucho, un beso que me desordena por dentro. Un beso intenso, un beso lleno de pasión. Un beso que me quema, me da cosquillas en la pancita, en mi pecho. Un beso que me agita al igual que me calma. Un beso que termina con un sonoro sonido de garganta.
Mis ojos que permanecían cerrados se abrieron cuando sentí esos labios que empezaban a fascinarme chocar suavemente con mi frente. Su tacto me complementa, sus caricias provocan hormigueo en mi piel, su sonrisa me desarma y su mirada...
Oh rayos su mirada...
Su mirada es transparente pero intensa y atrevida.
Mi padre sostenía la puerta, Jean Pierre se encamino a ella y antes de salir por completo regresaron esos ojitos color miel a mi.
— Chicos por favor déjenme un momento a solas con su hermana. — escuchaba a mi madre decir a lo lejos. Mis ojos seguían fijos en la puerta tras la salida de Pierre y mi padre.
Luego de un minuto de miradas que iban de un lado a otro entre los muchachos, salieron de la habitación, dejándonos solas.
Nos quedamos un rato en el silencio nada cómodo, hasta que ella empezó a hablar.
— Ámbar hija. — se acerca mi madre.
— Si mamá. — mi voz como un susurro distaba mucho de como quería que sonara.
— Mi niña chiquita, ¿Por qué no me habías contado? Pensé que confiabas en mi. — su voz no era de reproche, más bien, sonaba dolida.
— Mamá lo siento. ¿Estás decepcionada de mi?
— No hija como crees — contestaba levantando mi cara con su mano tan suave. — Estoy feliz porque voy a ser abuela, estoy triste porque no confiaste en mi. Asustada por el porvenir, sorprendida por ese muchacho tan guapo que te conseguiste, pero por sobre todas las cosas me siento afortunada por tenerte mi niña.
Mi cara parecía un mar de lágrimas, mi madre siempre ha sabido como decir las cosas tan claras para que las entienda pero no tan duras ni afiladas para que me duelan.
— Mamá lo siento, de verdad quería contarte pero no sabía cómo hacerlo... Temía tu reacción, la de los chicos y papá. No quería que me vieran como una irresponsable ni egoísta y
— Pero hija por dios, ¿Cómo crees que vamos a pensar eso de ti mi niña? Tu padre y yo siempre hemos sabido que clase de persona eres tú. Mi pequeñita lo que más deseábamos es que pudieras tener un vida completa como todos, que te graduaras en lo que quisieras, tuvieras a tu familia y nos dieras muchos nieticos para apapucharlos así como lo hacemos con ustedes — Lo decía mientras me tomaba entre sus brazos y me mecía con cuidado de un lado a otro.
— Lo único que lamento hija es no haberte dado la suficiente confianza como para contarme, y lo hayas guardado tu sola.
— Mamá no estaba sola — solté sin pensarlo.
— Ah si claro el muchacho ... Cuéntame de él hija, ¿Cómo lo conociste? ¿Cuántos años tiene? ¿Desde cuándo están juntos hija? y lo más importante pequeña ¿Tu lo amas? — me soltó por un momento para mirarme a la cara.
Esto te pasa por ser una bocazas... Que enredó, yo no me refería a el, a Jean Pierre... Me refería al que se suponía me acompañaría a la consulta. Aunque es igual, ya ha pasado un mes y aún no se de el.
¿Que le habrá pasado? Cuando me dijo que iba a estar conmigo en todo lo sentí real. ¿Será que me mintió? El me dijo que su trabajo lo hacía perderse por días, pero vamos, ¿Ni un mensaje? ¿Ni una llamada? como para decirme que aún estaba conmigo, que podía contar con el, que volvería...
Se que todo paso muy rápido, pero aún así yo creí en él, creí en sus palabras, creí que me quería.
— Hija — mi madre me llama, sacándome de mis pensamientos, haciéndome regresar a la realidad.
— Mmm si...
— ¿A dónde te fuiste hija? Que te he preguntado algo y me has dejado a un lado.
— Si lo siento, el se llama Jean Pierre De Lucca mamá tiene 30 años es de familia italiana pero se crío aquí.
Cielos... Piensa rápido que más le puedes contar... No que va si eso es todo lo que sé.
— Ohh es bastante mayor hija, no aparenta su edad. Pensé que rondaba por los 27 — comenta ella jocosa haciendo que yo sonría.
— No mami, es mayor. Vive solo aquí, el resto de su familia está en Italia.
— Caramba caramba hija. Pues déjame decirte que es muy guapo, tienes buen ojo Ámbar cariño. — dice con picardía.
— Basta mamá. — le suelto yo cuando ella empieza a hacerme pequeñas cosquillas.
Duramos unos minutos tratando de controlar nuestras risas y respiraciones aceleradas hasta que nos fuimos serenando.
— Bien hija y quieres contarme como fue que pasó.
Se a lo que se refiere, cómo quedé embarazada, cómo conocí al papá de mi hijo. Cómo llegué a esto... Se lo debo, debo decirle.
— Mamá me da un poco de pena, pero te la contaré.
— Tranquila no tiene porqué darte pena hija, soy tu mamá. Confía. — aseveró ella. — Empieza anda, cuéntame cómo lo conociste.
Huy madre como te digo que a uno lo conocí en el viaje de la playa y al otro que tú crees que es el padre lo conocí hoy... Cómo te digo que me entregué ante un hombre que no conocía mucho, del cual no se ni dónde vive, ni de qué trabaja, ni si es de buena familia...
Cómo te digo que fuí engañada por un hombre muy simpático que me dijo que quería algo conmigo y luego después de un tiempo desapareció de mi vida sin dejar rastro.
Supongo que te puedo contar una versión a medias, es decir, una verdad a medias es mejor que una mentira ¿Verdad?.
Muy bien, aquí voy.
— Mami recuerdas en el viaje a la playa aquella tarde que fuí con los muchachos a una reunión con los amigos de Connor.
— Si hija, claro. — afirma ella rememorando el viaje de 3 días a casa de alquiler en la playa.
— Bueno la verdad no me apetecía salir, pronto iba a anochecer y quería terminar mi libro, pero los tres me animaron a ir y teníamos mucho tiempo sin estar solo nosotros juntos, Connor ha estado muy centrado en su trabajo al igual que los gemelos. Pero esa vez estábamos los cuatro de nuevo así que me arregle y fuí con ellos. Pero, cuando llegamos a la casa del amigo de Connor me sentí fuera de lugar, todos tenían pareja incluso los chicos que nada más al llegar se le pegaron cómo chicle tres mujeres de allí.
Mamá reía con gusto al contarle esto último.
— En fin, no quería aguarle la noche a lo chicos pidiéndoles que me regresarán a la casa, y tampoco es que ellos me iban a dejar sola, tu sabes cómo se ponen.
— Ufss que si no lo sabré hijita, si no viste como se pusieron... A punto de matar al que se metió con su hermanita como ellos te llaman su “angelito".
Allí reímos las dos.
— Bueno si, pero no quería arruinarles su noche de fiesta, acabábamos de llegar y ya yo me quería regresar. Es que eso era pa' matarme - le digo yo con sorna - Además, la casa era muy bonita y espaciosa, con grandes ventanales, habían pocos invitados todos bien vestidos y en el momento que los chicos charlaban con ellos aproveche para recorrer la casa sola, cuando iba de regreso con los chicos me fijé que tenían afuera de la casa como un lugar donde te podías sentar a ver el cielo a orillas de la playa. Era hermoso, allí entraban más de 8 personas y sin embargo estaba solo, todos estaban adentro en la sala.
— Cómo que ya sé por dónde va la cosa, dejame adivinar... ¿Te metiste en esa casita? — suelta mi madre con una voz cantarina.
— Pues mami, para que decirte que no, si es un sí rotundo. — contesté yo alegre, si recordar ese momento tan hermoso me hace feliz ¿Para que negarlo?
Mi madre animada por mi repentina alegría me incitó a continuar.
— Bueno fuí directo allí sin decirle a los chicos, solo iba a ser un momento nada más. Quería ver el anochecer y relajarme con el sonido del mar. Así que cuando llegue, me recosté en la silla de playa que estaba allí y me quedé mirando el cielo, cuando menos me di cuenta mamá llegó el. — Aunque ahora que lo pienso mejor, creo que el ya estaba allí, porque yo no escuché pasos de ninguna persona acercándose.
Mi mamá me escuchaba con total atención que me empezaba a poner nerviosa.
— Cuando note su presencia me puse nerviosa mami, por dónde estaba, la oscuridad no me dejaba ver su rostro, hasta que poco a poco se fue acercando a mi y me sonrió mami. Yo en ese momento creí que era la sonrisa más bonita que me habían regalado en la vida y después empezamos a hablar.
Contaba la historia con tanta devoción que por instantes revivía en mi interior esa mágica noche que me cambio por completo. Tanta ilusión sentí que se me reflejo en la cara y en mi voz al ir contándole los detalles.
— Hablamos de muchas cosas mamá, y sabes, me inspiraba una paz y una confianza que hizo que me fuera encantando cada vez más. — le solté con una sonrisa que se instalo en mi cara al rememorarlo — Me sentía muy bien estando en su compañía, hasta creí que hicimos una especie de conexión especial, porque eso es lo que me hizo sentir, muy especial.
En ese momento mi mamá me sonrió, sentándose a un ladito de la cama.
— Yo sabía que no era la única que lo sentía pues cada vez el se iba acercando más a mi y aprovechaba cualquier oportunidad para tomarme la mano. Fué muy bonito mami, duramos hablando más de 5 horas seguidas y yo cada vez me sentía más segura con el.
— Entiendo cariño — dijo con sinceridad.
— Si mamá, la conversación era fluida, le conté de lo que me gusta hacer, de mis hermanos, pero lo que no le dije fue sobre mi discapacidad.
— ¿Y porque no le dijiste hija? — pregunto ella dubitativa.
— No lo sé mamá, supongo que no quería que sintiera pena por mi, ese momento lo sentí especial para mí, me dió toda su atención y me mostraba tanto cariño que quería sentirlo todo.
Ese hombre en tan solo 5 horas había logrado que yo deseara experimentar cosas, sentirme como una chica normal que pudiera hacer de todo.
— Nos fuimos acercando mientras hablábamos, empezaba a hacer frío pero no quería salir de allí, no quería arruinar esa magia que habíamos creado al entrar en la casa solo porque sentía frío. El intuyo lo que pensaba y me atrajo a sus brazos y nos quedamos así un largo rato mami, fue mágico. Fue tierno, como si nada más existieramos el y yo en ese instante, no importaba nada más. Cuando me tuvo en sus brazos quede abducida en su belleza, en su perfecto aroma, su fuerza me superaba y me arropaba por completo.
Yo estaba sumergida en ese abrazo, sentada en su centro, mis piernas flexionadas, mi espalda en su pecho, mi cabeza recostada en el espacio de su cuello — Madre tenía una perfecta vista de su cara y el cielo. Nada más eso bastó para embobarme con el. Caí rendida a el.
— Hija eso es muy bonito, es el principio de una historia hermosa y aunque suena muy romántico también estuviste expuesta hija. — comentaba tomando mi mano.
Por mi parte, además de mi sonrisa mis mejillas las sentía arder con cada cosa que decía.
— Mamá fue muy hermoso. No me soltaba, más bien sentía que me pegaba más a él, me daba más calor ante la fría brisa que nos inundaba.
Recordarlo fue vivirlo en aquella habitación del hospital, ese escalofrío que sentí, sus fuertes brazos alrededor de mi, su pecho de acero, todo el era provocador, hasta me palpitaba mi parte más femenina ante el recuerdo vivido de como su m*****o en estado natural lo sentía tan grande mientras me sujetaba encima de él.
— Pasamos un rato así... Abrazados. No quería soltarme y yo no quería que me soltará. Era la primera vez que alguien me abrazaba así y quería que eso durará lo más posible. A los muchachos le envié un mensaje diciéndole que estaba dando una vuelta en la playa para que no se preocuparan. Por supuesto que Connor me dijo que no me alejara mucho de la casa y al rato que me llamaron, les dije que estaba no muy lejos leyendo un libro que había llevado aprovechando la tranquilidad de ese lugar. Esa fue la única manera de que me dejarán sola por otro rato más.
La cara de mi mamá solo mostraba que estaba sorprendida con mis palabras.
— Eran como las cuatro de la mañana cuando me propuso dar un paseo por la playa y antes de que me digas lo riesgoso que era, pues yo también lo pensé, pero ¿Sabes mami? Había algo en él que me decía que no era mala persona. Así que si fuí. Tome ese riesgo. Fue como una aventura para mí, la mejor que he tenido. ¡Me sentí viva!
Mi mamá puso su sonrisa encantadora, contarle la historia era tan liberadora para mí, sentía como me quitaba un peso de encima.
— Caminamos por toda la orilla, de vez en cuando se mojaban nuestros pies con las olas de mar y aunque me daba súper frío, cuando el me abrazaba ya no importaba nada.
La casa se divisaba a lo lejos. Sin embargo, allí estábamos completamente solos y yo no tenía nada de miedo, más bien estaba plácidamente sentada en su regazo a orillas del mar, bajo la luz de la luna y las estrellas... Todo era muy romántico.
Mi voz luchaba por sonar serena pero todo lo que decía me hacía revivir aquel momento.
— De un momento a otro nos estábamos besando y para mí fue el beso más significativo mami. Tanto que no dude en entregarme a el... Mami por tu bien me guardaré los detalles — le dije picando un ojo, provocándole carcajadas por lo bajo. — Solo te diré que fue muy delicado conmigo — concluí con una sonrisa en mi cara.
— Hija me alegro. — respondió ella sin titubear.
— Después de... Aquello. Nos quedamos acostados abrazados por un rato mirando las estrellas. Me dijo que “Encajaba perfecta en sus brazos" y me besó la frente. Fué muy tierno conmigo.
— Cuando ya estaba amaneciendo decidimos regresar a la casa, no había visto mi teléfono pero cuando lo revise tenía 14 llamadas perdidas de los muchachos. Ya imaginaba como se iban a poner cuando los viera, así que como pude les invente que había dado otro paseo y que mi teléfono se me había caído en la playa y en todo ese tiempo lo había estado buscando.
— Entonces ¿Una mentirita piadosa eh? — me consuela mi madre con una sonrisa pícara.
— Si, supongo que sí... — le respondí yo, devolviendo la sonrisa a ella.
Hablar con mi madre siempre era así, tan transparente, confidencial... Tan natural.
¡Me encanta!
No todos pueden decir que tienen ese tipo de confianza con sus madres, pero yo con la mía ¡Si!
— Huy mami, te podrás imaginar cuando llegue a la casa, los muchachos me estaban esperando con caras de fieras asesinas y preocupados a la vez. Pero antes de entrar, el me tomo de la mano, me dió la vuelta y me besó una última vez. Me pidió el móvil y yo se lo entregué sin ninguna duda, anotó su número y se llamo así mismo para guardar mi número. Me dijo que no me iba a perder de vista y que no me dejaría desde ese día y en adelante. Luego entre primero y el un rato después.
— Ohm ahora entiendo todo. — comento mi madre - Sabes hija, no te puedo reprochar nada, después de todo cuando yo conocí a tu padre hice muchas cosas para estar con el, tu sabes que nos casamos a los cuatro meses de conocernos y no me arrepiento de nada. Desde ese día he estado completamente enamorada como si fuera la primera vez. Por eso entiendo cómo te sientes.
Mi mamá se quedó pensativa por un momento y luego dijo.
— Hija, yo a tu edad hubiera hecho lo mismo. — soltó riendo y yo pensé allí está, mi confidente, mi madre, mi amiga. Sin duda ¡Es la mejor madre del mundo!
— Pues me alegra saberlo mamá — le contesté yo — En la tarde me llamo y quedamos en vernos en la plaza, ¿Te acuerdas? Cuando te dije que iba a pasear por el malecón.
— Si, me acuerdo. — argumento ella.
— Bueno, pues aproveché que los muchachos habían salido con papá para salir sola. Sin que me estuvieran siguiendo y me encontré con el en la plaza. Pasamos un rato muy agradable, me invito a comer helado y paseamos toda la tarde agarrados de la mano. Todo ha sido hermoso desde ese momento, todos los días después de ese me llamaba para saber cómo estaba, y cada vez que podíamos nos veíamos.
— Hija mía pero que calladito te lo tenías ¡Eh! Es que me has engañado muy bien en todas esas salidas. — comentaba juguetona.
— Pues que te digo mami, no quería presentarlo hasta estar complementa segura de nuestra relación y es que nunca le dije que tenía mi insuficiencia, no hallaba el momento para decirle y cada vez se ponía más difícil contarle.
— Hija pero el ya sabe, pues ha estado contigo todo el día de hoy. Si el fué quién llamo a Jesús y adelanto la cita con tu ginecólogo.
¡Alto! Un momento ¿Pierre llamo a Jesús?
¿Pero como si yo no le conté de el? Tengo que preguntarle cuando lo vea. Bueno cuando estemos solos.
— Claro con la ayuda de Jesús. — continúo mi madre. — Y Jesús fué el que nos llamó a nosotros para que estuviéramos aquí en el hospital.
Claro, claro... Recapacito la información...
¿Ahora como le cuento lo demás?
No hay de otra, tocó inventar... O quizás emparejar las historias...
— Mm... Bueno le conté todo una tarde que nos vimos, sobre mi insuficiencia y el embarazo. Quedó en shock mamá, pero no me recriminó nada por no decirle antes, según el, mi insuficiencia cardíaca no cambiaba el amor que sentía por mí, más bien no cabía de la felicidad cuando le dije que estaba embarazada. Ese día me dió este collar — le dije buscando el colgante en mi cuello... Vacío...
¿Y mi Cadena?