— ¿Cómo estuvo su semana? — nos pregunta Connor mientras vamos camino a la ciudad.
Estuvo... — ¡Estupendo! — respondemos al unisono, lo que provoca que nos rieramos todos.
— ¡Ajá! — dice Connor. El también se ve diferente, lo noto, se ve rejuvenecido, más tranquilo.
Principalmente porque cuando vio a Azalea se quedó en shock por lo hermosa que se ve ella. Me dió gracia ver su carita de embobado y lo que le costó salir de ese estado en el que se metió al verla. Esa chica le hace bien a él, no me cansaré de decirlo y punto.
— Ámbar te ves hermosa angelito. — me dice Connor — Se de dos personas que se van a matar cuando te vean.
Parece que mi hermano se le escapó eso último, porque enseguida se callo la boca y noté la cara de arrepentido que puso.
— ¿Cómo así Connor? — le pregunté ya nerviosa.
Este trataba de ver cómo arreglar el asunto, pero no le quedó más que responder con la verdad.
— Escucha angelito, he tenido que hacerles entender que necesitaban darte espacio, no resultó facil pero lo entendieron.
— ¿Si?
— Bueno, no salieron tan ilesos angelito.
Oh oh... Mala señal.
— ¿Estarán hoy en la reunión mi cielo? — intervino Leah, notando por el retrovisor como me estaba poniendo más nerviosa.
— Mm, sinceramente no lo sé. Igual no saben que llegas hoy.
— Si lo saben... Al menos Pierre lo debe imaginar, mañana tengo consulta Conni.
— Entonces, Ámbar, no suena tan mal salir un rato ¿O si?
Está Leah.. . ¡Que traviesa! No se da por vencida.
Después de dos horas de camino, ya estábamos a pocos minutos de llegar a la casa por el poco tráfico de los domingos y me estaban sudando hasta las manos, no dejo de pensar que cuando paremos el carro estén ellos esperando.
No sé si el plan de Leah sea buena idea... Yo tampoco me atrevo a hacerlo.
¡Que nervios!
Pasamos la avenida, un par de calles arriba, cruzamos en la esquina y suelto el aire que venía reteniendo cuando no veo la camioneta de ninguno aparcada en la calle.
Mi resoplido no pasa desapercibido por ellos, a lo que Leah se voltea en el asiento cuando Connor se baja del carro para abrirnos la puerta, me dice — Tranquila ámbar, si llegan a aparecer yo nada más le repicó y el aparece.
— No se Leah... Aún sigo pensando que no es buena idea... — le respondo antes de que Connor abriera su puerta. Luego paso a la mía y caminamos hacia la casa, dónde nuestra madre ya nos estaba esperando.
— Mamá, te presento a Azalea Kai, ella es mi novia — suelta Connor Orgulloso.
Leah se separa un poco de Connor para extenderle la mano a mamá pero ella es muy ella y la jala para darle un abrazote de bienvenida.
— Muchacha pero ¡Que guapa estás! — responde mi mamá observándola cuando la suelta y después se dirige a Connor — Hijo mío, es muy bonita.
— Hija tu también estás hermosa — me dice abrazándome no tan apretado como a los otros dos — Te sentó muy bien pasar unos días afuera. Cuéntame ¿Cómo estuvo? — mientras pasamos los cuatro adentro.
En la sala solo estaban los gemelos, papá había salido. Pero lo que me llamo la atención fué que Christopher se veía animado. Ellos se colocaron de pie cuando nos escucharon acercarnos, allí Connor les presento a Leah y como era de esperarse le echaron la broma del siglo.
La verdad es que la estábamos pasando muy bien los seis, almorzamos juntos y ya para las seis de la tarde todos estábamos extasiados por el tremendo pastel que había preparado mi madre. Yo me había relajado por completo olvidando todo menos el asunto que tenía pendiente, así que me acerque a dónde estaba Christopher y le pregunté.
— Anda ¡Cuéntame ya! ... — solté sin más.
El me miró divertido y alcanzó a decir. — Ayer estuve por el centro...
Me desespera que me diga las cosas a medias, dejándome con la intriga.
— ¿Y? — Le insistí a continuar.
— Una de las vendedoras de la tienda me abordo y ella estaba a su lado.
Que descarada pueden ser las mujeres a veces... Así como en los hombres, en las mujeres también existe un código. Digamos que más que código, es pudor, conciencia, empatía... No se... Supongo que algunas mujeres no lo tienen.
— ¡Ajá! — le suelto en respuesta. — Entonces, descaradamente se te insinuó frente a ella.
— Sí. — continuó el con cara de tonto.
— ¿Y eso es lo que te alegra tanto? — le reproche discretamente.
— No, que va angelito. — respondió el de modo gracioso. — Lo que me tiene así es que a ella le afecto. — dice el muy pícaro.
Lo que me provocó fué darle un manotazo en su brazo, que de no haber tenido mi tarro lo habría hecho.
— ¡Hey! — me llama. — Vamos que si no sintiera algo por mi, no le habría importado. Pero le afecto, eso quiere decir que si le importo. ¿Cierto? — completo ilusionado.
Cierto... Pero es que se le notaba a leguas que aún siente algo por el. Bueno, quizás no tan a leguas, solo que una mujer tiene su intuición.
— No es que le vas a estar restregando en la cara cuánta mujer se te ofrezca ¿O si?
Christopher se reía, el muy pasado se reía.
— No Angelito... Yo quiero recuperar a esa mujer, no terminar de hundirme hechando más leña al fuego.
Pues, así como lo dijo no es como una mujer quisiera escucharlo pero algo es algo. Al menos ya no está tan desmotivado como lo había imaginado. Ahora que lo pienso ¿Será que los gemelos sabrán de todo lo que ha acontecido en estos últimos días?
Recuerdo que Connor me dijo que había hablado con mis padres nada más, y los gemelos al día siguiente, salvó que eso no paso pues fué cuando se presentó la bicha aquella.
— ¿En qué piensas Ángel? — me pregunta Christopher colocándose derecho.
Mmm hoy no, hoy lo estamos pasando bien, no lo voy a arruinar hablando de esos dos. — ¡En nada! — le respondí con una sonrisa.
— Si ¡Cómo no! — soltó el. A lo que se sumo su gemelo al sentarse encima de Christopher.
— Venga hermanito ¿Me conseguiste el número? — intervino con alegría.
— No, aún no. — respondió medio cansado Christopher. — Dame chance, Miguel no es fácil, además no se que le ves... Esa mujer es más pesada.
Hay que ver cómo son los dos, igualitos por fuera pero super diferentes en sus gustos. A pesar de ser gemelos, mamá nunca los vistió iguales. Decía “Cada quien debe tener su propia personalidad"... Por eso es que ellos son, pues como son... Totalmente diferentes por dentro.
— Vamos, ya ha pasado bastante tiempo. — rogó Christian.
Ellos seguían en su jaleo y yo me reía de como de chiquitos se ponían a veces. Connor y Leah estaban acaramelados en el mueble de frente a nosotros presenciando la pequeña escena que estaban haciendo y mamá nos repartía el jugo que había hecho.
Teniéndolos aquí me sentía extrañamente nostálgica, recordando cuando estábamos pequeños y mamá nos repartía el postre de la tarde, el único que faltaba era papá ¿Cuando llegará?
Eran las 19:00 cuando papá paso por la puerta y todos nos levantamos a recibirlo, sin embargo, tras él entraron James y Pierre.
Mientras todos seguían de camino hacia ellos, yo me pare en seco.
— Viejo pensaba que no llegarías a conocer a mi novia. — lo recibió Connor que luego paso a fijarse en los dos que venían atrás y su buen ánimo desapareció.
— Azalea Kai. — se presentó ella misma, en vista de que Connor se quedó en silencio. Leah es muy lista, intuyo todo cuando me vio detenerme. Aunque, disimuló muy bien y siguió caminando al lado de Connor.
Esta le extendió la mano y nuestro padre «quien de por sí es una persona respetuosa» le respondió a su saludo y dijo — ¡Bienvenida a la familia Azalea!
Los demás siguiendo a nuestro padre continuaron con el buen ánimo. Mientras tanto, las dos personas que no quería ver se me acercaron aprovechando el momento efusivo y me dicen.
— Este... Mmm ... ¿Podemos hablar?