— Entonces, él es el hermanastro del padre de tu hijo. — confirma haciéndome sentir culpable por ese hecho.
— Sí.
— Y te enamoraste de él cuando pensabas que el otro ¿Estaba muerto? ... — continúo después de escucharme por un buen rato, a lo que yo volví a asentir.
— Y te ibas a casar con él pero el papá de tu bebé ¿James? Apareció. — volvió a preguntar y yo asentí por no se cuánta vez.
— Pero, aunque el papá de tu bebé está con vida, Tu a quien en realidad amas es a Jean Pierre. ¿Verdad?
— Si ... Es decir, no... Yo... — no sé cómo me siento.
— Y ahora resulta que el todavía sigue casado con otra mujer cuando falta ¿Que? menos de un mes para casarse contigo... — concluyó. — Y el papá de tu bebé en vez de quedarse contigo se fué con esa misma mujer cuando tuvo oportunidad de elegirte.
Yo no podía hablar, nada más asentía con la cabeza todas esas conclusiones que Azalea decía.
— ¡WOOW! Curruñis eso no me lo esperaba.
— Sabes Leah, siento que me ocultan cosas porque piensan que no podré soportar la verdad por mi corazón.
— ¡Qué! Estas loca Ámbar — grito ella haciéndome sobresaltar. — ¡Vez! No es el mejor ejemplo, pero te recuperaste del susto por mi grito. Si pudiste sobreponerte ¿Por que le das la oportunidad a ellos de creer que pueden mentirte para para “protegerte" ? ... No Ámbar, el amor no es así, el amor es abierto, es simple, es transparente.
Tiene razón. De verdad la tiene. ¿Que me pasa? Les estoy volviendo a perdonar así de fácil.
— Ámbar, yo sé de tu discapacidad. Connor me ha hablado de ti antes, es que razón tiene en llamarte ángel si es que tú lo perdonas todo fácilmente. — me dice sin reproche.
Su comentario me hace gracia por un momento, es la pura verdad... No soy buena guardando rencor, perdono rápido. Y ella es tan expresiva y comprensiva que siento que no me pude desahogar con mejor persona.
— Hagamos una cosa. — continúa después de comer una galleta. — Quédate conmigo, así tendrás tiempo de aclarar tus pensamientos sin el temor de que ellos se aparezcan por esa puerta. — completo señalandola con el brazo extendido.
Suena justo lo que necesito en estos momentos ¿Estará bien?
— ¡Anda! No lo pienses tanto, una semana ¿Que te parece? ... Además me harás compañía, los fines de semana se suele quedar Connor, pero le toca trabajar así que será imposible. — dice haciendo pucheros para convencerme.
— ¡Está bien! — respondo al final cediendo. — Pero necesito mis pastillas y mi..
— ¿Que? — responde ella cuando me detengo.
— Toda mi ropa está en casa de Pierre... — respondo mientras caigo en cuenta de mi molesta situación.
— Oh ¡No te preocupes! Vamos. — me jaló hasta su habitación. Allí saco blusas, jerseys y vestidos que más o menos me quedaban.
Por ropa interior iríamos mañana de compras y mis pastillas gracias al cielo que las que tenía me alcanzaban para varios días.
La casa de azalea solo tiene dos habitaciones y un baño para las dos, estar allí me recordó cuando vivía con los chicos y debíamos tener turnos para entrar al baño. ¡Que buenos recuerdos!
Ella, después de acomodar la habitación de invitados llamo a Connor para indicarle que viniera hasta el próximo fin de semana, este al contrario de sorprenderse por el cambio de planes, más bien se alegro bastante por la amistad que creció entre las dos.
“Sabía que se llevarían bien" me dijo cuando Leah me paso su teléfono para despedirme de Connor.
El mío lo apague desde que llegué a su casa y no tenía intención de encenderlo por un buen tiempo.
— Disfruta angelito ¡Nos vemos el domingo! — Tras de eso colgó y yo me relaje en un confortable baño de agua tibia.
La mañana siguiente, lo primero que hicimos después del desayuno fué ir de compras, me llevó a varios lugares que quedaban cerca para que no me cansara mucho. Allí compramos «además de ropa interior» un par de pantalones de prenatal muy bonitos y varios camisones super tiernos de varios colores.
Me emocioné al tener tanta paz que después de dos días sentía que ya no quería regresar a mi realidad. Este lugar es mágico, sentarme afuera de su casa viendo solo las flores y el cielo es sin duda una relajante terapia para mí.
Los días en los que trabaja me quedo en su casa leyendo libros, viendo películas y haciendo postres para las dos. En las tardes damos un pequeño paseo, si no simplemente nos quedamos sentadas afuera de su casa. Le cumplí la promesa, no volví a escuchar la emisora de Pierre, me hizo falta pero tenía que hacerlo por mí, para aclarar mis sentimientos.
Una tarde, en medio de nuestro paseo diario creí verlos y vaya que me asusté por ello. Aunque fué simplemente una mala jugada de mi mente, para mí tranquilidad ellos no saben dónde estoy. Y en las noches, antes de dormir, me relajaba dibujando en el libro que Azalea me regaló.
Sin darme cuenta la semana con Leah paso demasiado rápido, el día antes de regresar a casa le propuse ir a desayunar en la tienda a las afueras del mercado, no quería irme sin darle un último paseo a este lugar tan pacífico.
Caminamos un poco y llegamos a un pequeño local de comida típica. Después de comer, nos encontrábamos absortas en las hermosas prendas de las tiendas en todo el lugar.
— ¡Ámbar, ven! — escuché a Leah llamarme más adelante haciéndome señas con las manos.
Camine la poca distancia que nos separaba por la insistencia de Leah, ella estaba más emocionada que yo haciendo compras. Caminaba de un lado a otro mientras yo iba poco a poco detallando cada tienda. Nos decidimos por una que tenía mucha variedad, ella se probó varios y compro otros tantos... Yo, pues elegí algo más sencillo, una braga que me encantó desde que la vi, la tela es suave y aparte era de cuerpo entero.
— ¡Te ves hermosísima Ámbar! — suelta Azalea viéndome frente al espejo. — Ese te lo tienes que comprar, es más, te lo regalo yo. Pero de qué te lo llevas ¡Te lo llevas! — dijo con ánimo.
Ella está llena de vitalidad, pareciera que su energía no se acabará nunca.
— Vale, vale. — respondí después de las risas. — Tu también te ves hermosa Leah.
Tiene puesto un vestido corto de flores con un sombrero tipo Clõche color beige.
— Pensaba colocarme esto mañana ¿Tu qué opinas?
— ¡Que se te ve estupendo! — le respondo animada.
— ¡Genial! Porque me iré con ustedes mañana, Connor me presentará ante sus padres Ámbar. — dice entre nerviosa y optimista.
— ¡EN SERIO! — le digo más a grito que en pregunta.
Ella sin duda es única, — ¡SIIII! — grito en respuesta más emocionada.
Todos en la tienda se nos quedaron viendo extrañados, mientras ella y yo nos reíamos a gusto con las locuras de la otra.
La estábamos pasando fenomenal, después de la tienda donde compramos otros dos conjuntos más, entre esos, uno me hizo morir de la pena cuando lo pase por la caja. Luego fuimos a almorzar cerca de su casa en un mini restaurante, nos sentamos afuera degustando de una exquisita comida y charlando sobre los detalles de los próximos días.
Ella se veía nerviosa pero emocionada. Al parecer luego de yo acostarme, ella y Connor lo decidieron mientras seguían hablando por teléfono.
— Pedí por adelantado mis vacaciones curruñis, para poder pasar estos días con el — me dijo cuando íbamos llegando a su casa. — Así que voy a preparar mis maletas para las tres semanas que tengo libres.
— Me alegra que den el paso Leah. De verdad, siento que se lo merecen los dos.
— A mi me alegra que no escucharás la emisora durante esta semana — me decía cuando entrabamos a su casa. — Espero que te allá servido para despejar tu mente de ellos. Lo sabes, piensa en tí primero luego el resto.
«Yo primero» tiene razón.
Después de dejar las compras en la sala, me recosté en su cama mientras ella preparaba la maleta. La mañana me había dejado agotada, a pesar de haber caminado poco, mis pies los tenía hinchados. Y ella, aunque necesitaba el espacio de su cama para colocar las maletas, decidió colocarlas en el piso prohibiendo que me mueva de allí.
Así fué seleccionando lo que se llevaría y lo que no y yo aún cuando no habían pasado ni una hora de haber comido, yo tenía hambre ¡Increíble!
— No, es que ya veo porque Connor decía que no te pueden faltar los tarros... Al principio no sabía a que se refería, pero ahora Ámbar estoy impresionada. — me dijo juguetona mientras me pasaba mi confiable tarro.
— ¿Y sabes que es lo mejor Leah? — le suelto divertida, a lo que ella niega con la cabeza antes de seguir doblando ropa. — Es que mi bebé no me ha provocado náuseas ni vomitos.
— ¿Nada? — dice ella incrédula.
Yo niego con la cabeza.
— ¿Ni con los olores? — sigue preguntando.
— No. — respondo divertida.
— ¿Ni se te alborotan las hormonas? — continuaba escéptica.
— Ufss eso sí. — suelto animada. — Muchas veces Pierre tuvo que aguantar mis ataques de celos... Y unos deseos incontrolables de tener relaciones sexua... — salió de mi boca sin poder evitarlo, aunque pude parar casi a tiempo al darme cuenta de lo que estaba diciendo
Leah se burló de mí hasta más no poder, mientras que yo me tape la cara por la pena que me dió con ella.
— Ámbar tranquila, dicen que es normal que les pase a las embarazadas. — soltó mientras se reía.
— ¿Ya sabes cuál es el sexo del bebé? — pregunto después de un rato.
— No, se supone que ... Oh cielos . — recordé algo.
— Que ¿Que pasó? — pregunto ella cerrando la maleta.
— El lunes tengo la cita con el doctor para saber el sexo de mi bebé. — respondo sentada en la cama.
Leah, seguía sin entender. — ¿Y entonces?
— Se suponía que iba a ir con Pierre, pero con la aparición de James y tras lo sucedido, ahora no se cómo vaya a salir todo. No estoy segura de cómo podré verlos. — me sincero. — Sé que apenas llegué a la casa, ellos estarán allí esperándome. No sé porqué pero lo presiento.
Aún sigo sin agarrar mi teléfono, es más, no me ha hecho ninguna falta, ni lo he encendido en estos días.
— Tranquila Ámbar, yo te acompaño. — me dice ella.
En realidad ese no es el problema, dudo que los gemelos me dejen sola . ¡Los gemelos! ¡CHRISTOPHER! Cielos... Me he olvidado por completo de él... Oh Dios, que horrible hermana soy...
¿Cómo me pude haber olvidado de mi hermano? Y de lo mal que lo está pasando. Ahora más que nunca tengo ganas de regresar y ayudarlo en lo que necesite.
— ¿A qué hora llega mañana Connor? — le pregunto con urgencia.
— Más o menos al medio día ¿Lo preguntas por tus medicinas? Creí que te alcanzaban hasta mañana. — comenta sentándose a mi lado.
— No, no es eso. — respondo más calmada. — Es para estar lista. — mentí, no puedo divulgar la intimidad de mi hermano.
Leah completa con una sonrisa y yo la acompaño mientras nos relajamos las dos en su cama. Las horas se pasan volando estando en buena compañía, así dice el dicho y mira que cierto es, ya se hizo de noche y las dos seguíamos parloteando de todo un poco.
Afortunadamente, yo no tuve que recoger nada pues todo lo que he comprado sigue en sus bolsas y mi bolso está de fácil acceso en la sala, ya que después de bañarme y vestirme, caí rendida del sueño en la cama.
Tan agotada estaba que me acosté y sin darme cuenta me quedé dormida.
Leah tenía razón al decirme que no escuchara la emisora, pues todos estos días he descansado plácidamente, incluso más que muchas otras noches. Me dormí sin pensar en ellos, sino en mí.
Al día siguiente, me encontraba con más energía, ya estaba arreglada y preparé el desayuno para las dos con jugo de naranja para activarnos desde temprano.
— ¡Buenos días curruñis! — dice Leah del otro lado de la isla.
Ya está arreglada igual que yo. Ayer me animó para estrenar la braga que compre y la verdad es que me siento renovada.
Desayunamos y nos sentamos en la sala a esperar a Connor, ya teníamos todo recogido así que solo faltaba que el llegara para irnos.
— Ámbar, tienes una idea más clara de que vas a hacer si los dos te esperan en tu casa?
La verdad, la verdad... Nop.
Negué con la cabeza y ella sonrió.
— ¡Tengo una idea! — me dice juguetona.