— Pierre lo siento — le digo, apenas entramos en la camioneta de camino a nuestra casa. — No se por que me he puesto así.
Pierre suspira lentamente con la vista al frente. Le dolió, lo sé. Le dolió verme así.
— Tu no lo has olvidado Ámbar. — dijo con pesadez.
No pude responderle, no quiero mentirle cuando lo que acaba de decir es la absoluta verdad.
— No es un reclamo Ámbar. — decía, aunque noté como se le ponían los nudillos blancos de lo fuerte que apretaba el volante. — Solo que desearía poder estar seguro de que algún día tú — hizo una pausa votando todo el aire que tenía retenido. — Pudieras amarme como lo amas a él.
Silencio, el amigo que se interpone más de lo que me gustaría entre nosotros.
No quiero herirlo.
No quiero dañarlo cuando se ha portado tan bien conmigo.
Mas lágrimas se agolpan en mis ojos y la culpa se apoderaba de mi.
No pude más y les di rienda suelta a mis emociones.
— Pierre, lo siento. No quiero hacerte daño — dije entrecortada — Tu has sido un hombre maravilloso conmigo y no mereces que yo te haga esto.
Mis lágrimas seguían acumulándose en la cara.
— Yo si te amo Pierre. — le dije a media voz — Te amo.
Pierre nos paró a un lado del camino por segunda vez hoy.
Ambos nos quedamos en silencio. Trate de calmar las lágrimas pero fué imposible, no las podía parar. El se quitó el cinturón y se acercó a mí, tomó mi cara y me limpio las lágrimas. El dolor era palpable en su cara.
Me sentía miserable por hacerle eso a el.
— No llores Ámbar, no llores, eso le hace mal al bebé. — me recordó de forma sutil.
— No puedo parar Pierre, me siento fatal por herirte. — le dije entre sollozos.
— No pienses eso cariño. No te negare que me hizo sentir mal, pero más me duele verte sufrir por él.
— No quiero dañarte Pierre. — le confesé mirándolo a los ojos. — No quiero herirte y no quiero perderte. — termine de decir abrazándolo.
El me correspondió el abrazo, acarició mi cabello y puso su frente en la mía.
— No me perderás Ámbar, se que esto no es fácil para ti.
— Tú has sido tan considerado conmigo — le interrumpí.
— Porque te amo Ámbar. Te amé desde el primer momento que estuve junto a tí.
— Pierre te juro que te amo, yo quiero casarme contigo, quiero pasar mis días contigo.
— Lo se pequeña, lo sé. — me calmó. — Se que me amas, aunque no de la misma manera. Pero yo voy a tener paciencia porque así como me gane ese amor, me ganaré el resto de tu afecto.
Nos besamos a mitad del camino, nos besamos con fervor, con tanto sentimiento que nos dejó sin aliento. Un beso que nos dió seguridad a los dos. Con ese ambiente conciliador entre los dos llegamos a casa, cenamos y nos encaminamos a nuestra habitación.
Me despoje de mi vestido y lo reemplace por un camisón. A pesar de las muchas noches que hemos estado juntos y de las muchas otras que he estado desnuda frente a el, todavía no habíamos hecho el amor ni un sola vez.
Si estuvimos a punto en varias ocasiones pero por una u otra causa paramos antes de empezar. Yo quería hacerlo al igual que él, pero no quería que fuera solo por deseo, quería que cuando me entregara a el fuera por amor. Y hoy después de aquel momento intenso, su amor fué como una cachetada para mí, algo que me hizo despertar y darme cuenta de lo mucho que lo hago sufrir al tenerme pero no completa.
Hoy entendí que mi corazón debe cerrar página y empezar de nuevo. Amar y ser amado es lo que uno quiere. Pero si sólo recibo amor estoy siendo una completa egoísta con Pierre y eso debe cambiar.
Quiero demostrarle que tiene mi amor, que es amado como él me ama, que me tiene por completa.
Lo primero que hago es quitarme el collar, me cuesta una barbaridad hacerlo, siento que pierdo una parte de mí, pero lo hago. Debo hacerlo, debo dar el primer paso a abrirle mi corazón y entregarle todo mi amor.
Veo por el espejo que me está mirando y se extraña cuando lo hago, me quitó el collar y lo guardo en mi bolso «cuando por costumbre lo dejo encima de la peinadora» al fin y al cabo quitarlo no significa que no lo quiera cerca. Me arreglo el cabello y cuando estoy contenta con el resultado me volteo y camino lento a la cama.
Pierre no entiende nada, lo sé, su mirada desorientada me lo grita, aún así se sienta en el borde de la cama. Yo me posicionó entre sus dos piernas, parada como estoy le empiezo a acariciar su cabeza, sus mirada conectada con la mía se ilumina, siento como mete sus manos por debajo de mi camisón hasta llegar a mi cintura, mi piel se eriza a su tacto, no puedo describir lo que siento en estos momentos, no hace falta hablar, nuestras miradas dicen todo lo que queremos saber.
Pierre levanta mi camisón hasta sacarlo por encima de mí, dejándome solo con mi pantis. No despega su mirada de la mía, la conexión que tenemos ahora es superior a las de antes, tenemos más complicidad, más comprensión, más de todo, más amor.
Me desliza la Panti por mis piernas hasta quitarlas, quedó desnuda ante el y sin embargo sigue con su mirada en la mía.
Ya no es solo deseo. Es amor.
Se pone de pie frente a mi, su mano quita el pelo de mi pecho en un simple y delicado movimiento. Nuestra conexión no se rompía con nada, somos simples mortales dedicados a entendernos con la mirada.
No había mayor prueba de amor que la que nos estábamos dando, entendernos con miradas, conocernos hasta tal punto de saber lo que pensamos sin emitir palabras.
Pierre me atrajo hacia él, empezamos a besarnos y fuimos subiendo de nivel con cada roce de lenguas, sus manos recorrían mi piel y las mías hacían lo mismo, descubriendo, reconociendo cada parte de nuestros cuerpos. En cuestión de segundos me postro con cuidado en la cama, sus besos no cesaban, sus manos continuaban acariciando mi vientre, mi abultada barriguita, mis senos con los pezones rectos.
Se tomaba su tiempo en mimarme, en tocarme. No tenía apuros en querer penetrarme, se había centrado solo en mí, en hacerme sentir especial y lo había logrado.
— Quiero entregarme por completa a tí — le susurré cerca de su boca. — Quiero darte mi amor Pierre, quiero que formemos una familia juntos y quiero que sepas que te amo.
— Y yo quiero que sepas que tienes todo mi amor Ámbar, que estaré contigo siempre y para siempre, que te amare hasta la eternidad Pequeña.
Y con esas palabras sellamos nuestro amor.
Le di mi corazón, mi amor, me entregué a él en cuerpo y alma.
Pierre se posicionó encima de mi, apoyado de sus fuertes brazos para no lastimarme se hundió en mí. Rodee con mis piernas su cadera hasta unirlas en su espalda para darle mayor acceso. Me penetro lentamente, dándome tiempo para acostumbrarme a su tamaño, jadeos salían de mí al sentirlo hundirse dentro de mí.
Empezó sus acometidas dándome choques suaves primero, cuidándome como siempre. Con mis manos atrapé su cara y uní mi boca con la suya. Sus ataques cada vez eran más seguidos, más certeros pero no con la suficiente fuerza que quería. Sabía que me cuidaría, que aún con todos sus deseos de perderse en mi como yo en él, se contendría y no desataría toda su fuerza, pero yo podía y quería más.
Una mirada, con una mirada bastó para decirle que no debía contenerse, que podía darme tan duro como quería y así lo hizo.
Sus estocadas fueron más fuertes, más salvajes, más certeras...
Gritos desenfrenados salían de mi boca con cada uno de sus movimientos.
— Te amo — me dijo.
— Te amo — le respondí con sinceridad.
Los jadeos salían de mi boca a gritos.
Y un orgasmo estremecedor nos arropó el cuerpo entero.
Se corrió dentro de mi con un sonido gutural saliendo de su boca y se dejó caer a mi lado.
Quedamos extasiados, acostados en nuestra cama y yo metida entre sus brazos.
Su mano acariciaba mi espalda y la otra sujetaba mi cara. Sentir este tipo de contacto me fascina, estar así de segura con él no lo cambiaría por nada.
Me sentía felizmente agotada y caí rendida en sus brazos con una sonrisa en la cara.
Ha pasado una semana desde que los dos nos entregamos y jamás me he sentido tan maravillosamente cansada en la vida, este es el resultado de los últimos días. Hemos estado más amorosos, más conectados el uno con el otro, me ha llevado a todos lados por no querer dejarme con nadie más salvó con el. Pero hoy nada más bajar las escaleras para ir a la cocina me agotó bastante y Pierre lo notó, ahora está llamando a mi madre para que venga a cuidarme aquí en nuestra casa mientras el va al trabajo.
Cuando lo acompañe a la radio allí me presentó ante todos como su esposa y la cara que pusieron cuando me vieron y aparte embarazada fue icónica, entre los que me presento estaban los chicos de Protagonistas encubiertos, el programa de radio que todos los días escucho y debo decir que así como son en el programa, son en persona, graciosos, extrovertidos y profesionales en su trabajo.
Lo mismo pasó en la tienda, se sorprendieron cuando me vieron, lo que me demuestra que Pierre es muy reservado con su vida personal y de echo me gusta, que deje el trabajo en el trabajo y nuestra vida personal muy aparte. Otra cosa que noté es el respeto que le tienen y no solo por ser el jefe, si no porqué Pierre es un hombre maravilloso y así como lo tratan a él, me trataron a mí.
Sin embargo, no pude seguirle el ritmo, estos días ha tenido que ir más seguido a la radio y estando allá su día a día es muy agotador para mí, me cansa rápido aunque solo este sentada a su lado.
— Principessa, tu mamá me ha dicho que se vendrá con Connor para acá amore mío, así que cuando ella llegué, me voy a la radio.
Lo veo y mis hormonas me juegan sucio, está demasiado guapo con la camisa de vestir plateada que tiene puesta y el pantalón negro... ¡Está demasiado sexy!
El se da cuenta de cómo lo estoy mirando y empieza a reír.
— ¡Es que no es justo hanii! — le digo gruñona. — Tu te pones todo guapetón haciendo que se me suba la libido a mil, más mis hormonas que me hacen revolotear y te vas — le hago morritos con mi boca.
El sonríe con ganas mientras se acerca a mí, deja el teléfono el la isla de la cocina y me sube con la fuerza de sus brazos en ella metiéndose entre mis piernas y me besa.
Yo, por mi parte, no voy a desaprovechar que lo tengo tan cerquita. Empiezo a desabrocharle la camisa tan rápido como puedo.
— Hey pequeña. — me dice pegado a mi boca.
Yo no le hago ni caso, sigo desabrochando botón por botón.
— Amore mío debemos tener cuidado principessa. — termina riendo.
— Bueno, no te pongas tan guapo y yo no te ataco — le respondo divertida.
— ¿Que no me ponga tan guapo? — ríe.
— ¡Si! Así como estás todas las mujeres se quedarán embobadas contigo — le dije colocándome tan chiquita y avergonzada por lo que estaba diciendo.
— ¡Ahhh! ¿No me digas que estás celosa principessa?
— ¡Noo! — le respondí evitando verlo a la cara, dejando claro con ello que si lo estaba.
¿Que diablos me estaba pasando? Me alboroto cada dos por tres, me da un hambre terrible y ahora lo que faltaba soy celosa.
— Principessa ¡Estás celosa! — no se por que pero de hecho parecía gustarle. — No tienes que preciosa. — me levantó la cara y depósito un tierno beso en mi frente. — Tu eres la única mujer para mí.
Se que es cierto, me lo ha demostrado en innumerables oportunidades, incluso desde el primer día que nos conocimos me lo hizo saber, pero es que estos celos no me dejan.
— Lo sé cielo. — lo mire a los ojos — Disculpa. Pero es que atacan cuando veo como las mujeres se te insinúan. — solté con una voz que ni yo misma reconocí.
Pierre solo se reía, al parecer, a él ésto le parece divertido. En cambio, a mí no me hace ni la menor gracia.
— ¡No me digas! ¿Cómo cuando le destrozaste la mano aquella enfermera?
— ¡Hey! Yo no se la destroce... La retiré de tu hombro que es diferente. Y era la putienfermera que no se te olvide. — le recrimine.
— ¿Y cuando te cargaste a la camarera?
— Fué porque te hecho el agua encima a propósito para tocarte — le chille.
— Ajá — dijo disimulando una sonrisa — ¿Y ayer?
— ¿Ayer? Mm no paso nada — disimulé.
— ¿Segura? — dijo él, muy divertido.
— ¡Si! — contesté para que no viera mi nerviosismo.
— Pues a mi me pareció que le aclaraste muy... Explícitamente a
Lo interrumpí, no quería que terminara
— Yo nada más le dije que estábamos felizmente casados y esperando un hijo a la vendedora del market — sostuve para que ya cambiemos de tema.
— Bien. — claudique al final con la carcajadas que el soltó — Me he vuelto celosa. Pero de verdad Pierre yo antes no era así. — le aclare — Es que no se que me pasa.
Pierre mientras se ajustaba la camisa seguía riendose de mi.
— ¡Que estás embarazada principessa! Eso es lo que pasa Amor — dijo de lo más tranquilo. — Cariño no te preocupes que yo solo soy de una mujer. Al menos por ahora — dijo el muy socarron.
Me dió de todo escuchar eso último, los celos acompañados por la rabia salieron a flote expresados en mi cara.
— Si — rectificó — Quien sabe si el bebé resulta ser ¡Niña! — concluyó para mí tranquilidad.
¿Una niña? ¡Podría ser! Desde que supe que estoy embarazada cada que pienso en mi bebé lo imaginaba cómo niño.
Pero también existe la posibilidad de que sea ¡Niña!
En mi cara debió de reflejarse una sonrisa al pensar en ello sin darme cuenta por lo que dijo Pierre
— ¡Así principessa, así te quiero ver siempre!
— ¿Podría ser una niña verdad? — le dije con alegría en mis palabras.
— Siempre existe la posibilidad... Entonces ya no seré de una sola mujer. Seré de ella y de tí. — contestó dejándome flotando de la felicidad por sus palabras.
— Supongo que lo sabremos la próxima semana.
Cuando Pierre iba a responder sonó el timbre — Ya deben de haber llegado — fué lo que dijo al final.
Me bajó de la isla y caminamos con las manos entrelazadas a abrir la puerta.
Efectivamente habían llegado.
...
— Mamá ¿Cuando estuviste embarazada te ponías celosa? — le pregunté mientras ella preparaba el almuerzo.
— Ufs hija, celosa le queda pequeño a como me puse yo. — contestó rememorando aquel tiempo — El pobre de tu padre se tuvo que aguantar callado todos mis ataques y no nada más de celos.
Se volteo a verme con el cuchillo en mano. — No me digas hija que andas celando al pobre de Pierre — dijo apuntando el cuchillo hacía mí.
Me puse roja por el tono de la pregunta.
— Hay hija pero si ese hombre te ama, cualquiera se da cuenta con solo verlo. — me dice para mí tranquilidad. — Ese hombre se desvive por ti hija.
— Si mamá, es que no los puedo controlar... — le digo tapándome la cara con las manos.
— ¿De qué hablan las mujeres de mi vida? — interviene Connor entrando en la cocina.
— Que ya deberías darme nietos — responde divertida.
— Mamá ¿No te basta con el que te va a dar Ámbar? — dice él, en forma juguetona.
— ¡Hey! — los llamo yo. — Por cierto ¿Que ha pasado con Christopher y la muchacha? — les pregunto. — Lo he llamado pero no me contesta.
Mamá y Connor se ponen serios al mismo tiempo, aquí pasó algo y no me han dicho.
— Venga, suelten lo que ocultan, si no me preocupo más. Lo saben... — les apremio.
— Hija, pues.
Connor se sienta frente a mi y es él quien me cuenta.
— Christopher anda mal, angelito. Es la primera vez que lo veo tan afectado por una mujer.
— Pero por que no me han dicho antes si he hablado con ustedes estos días.
— Hay hija es que Christian nos ha dicho que el no quiere que sepas que está mal. Se siente avergonzado por lo que le hizo a la muchacha y no habla con nadie. Fíjate que hasta a mí me rehuye. Connor y Christian han tratado de animarlo estos días pero mi muchacho anda encerrado en sus pensamientos.
— Estoy haciendo de todo angelito, al igual que Christian para que se recupere. Al parecer no hizo bien con llevársela así, y empeoró su situación con ella.
— Imagínate el carácter que debe tener la muchacha hija... Bueno es que debe tenerlo después de todo lo que le pasó.
— Si. — pienso por un momento como ayudarlo. — Pero yo creo que ella todavía siente algo por el. No sé me da la impresión de que así es.
— A mi también hija — confirma mi madre — Es que se les notaba en esa salita.
— El dolor sigue latente en su corazón, si con todo lo que lo ama, no le es posible perdonarlo. — comenta Connor.
— Yo los voy a ayudar. — digo sin tenerlo claro — Aún no sé cómo, pero lo voy a hacer. Por lo pronto Connor, ¿mañana me podrías llevar con el?
— Claro angelito. — contesta seguro.
Si el muy tonto cree que me voy a quedar de brazos cruzados viendolo sufrir, pues es que todavía no me conoce bien.