—Quizá sea apresurado lo que diré, pero me gusta estar contigo. Lo era; era apresurado decir que nos gustaba estar el uno con el otro cuando nos conocimos poco menos de una semana atrás. Sin embargo, eso no le restaba intensidad a los momentos que compartíamos juntos. Sentí más por Nicholas en tan poco tiempo, que lo que pude llegar a sentir por mi último novio de casi un año. Nunca le dije que lo amaba o me acosté con él; lo tuve para amortiguar mi soledad, para nada más. Cuando Nicholas me dio una vuelta más, regresé a su rostro y le respondí. —A mí también me gusta estar contigo, Nicholas. Atrapé su labio entre los míos y aferré mi brazo derecho a su espalda. Nicholas elevó unos centímetros el ruedo de mi franela y tocó mi piel. La mía buscó el ruedo de la suya y se introdujo bajo

