Como era de esperarse, no pasaríamos la noche entera en la intemperie. Cuando la temperatura descendió a la medianoche, desperté a Andrea y la trasladé al rancho. Aún soñolienta, la acosté sobre mi cama y arropé su frágil cuerpo. No tardé mucho en quedarme dormido y perder el sentido por algunas horas. Antes de sentir el sol en mi espalda, desperté y revisé la hora en el reloj de cabecera, junto a la lámpara. Rasqué mis ojos y fui al baño. Me reverberé en el espejo y regresé a la cama. Era la primera vez que me quedaba con una mujer y no deseaba que se marchara. Andrea giró del lado derecho al izquierdo y su rostro quedó en medio de la cama, entre el edredón y las almohadas. Me desplomé a su lado con la mayor sutileza para no despertarla. Emitía pequeños ronquidos cada vez que inhalaba ai

