Ya llevo andando un buen rato y no encuentro el lago, creo que me he perdido.
—Vale, ¿ahora que hago? Voy hacia la derecha o hacia la izquierda. —estoy muy perdida, hasta que veo a unas hadas volando por ahí—. ¡Eh esperad! —gracias a Dios me han escuchado—. Hola hadas. ¿Sabéis donde hay un lago de corales? Es que hace tiempo que lo estoy buscando y estoy un poco perdida la verdad.
Las hadas asienten y hacen señas con sus manos para que las siga, menos mal, saben dónde está el lago, tengo unas ganas de llegar ya para darme un buen baño.
Hasta que llegamos a los pocos minutos.
—¡Es precioso! Muchas gracias por guiarme hasta aquí hadas, adiós. —dicho esto las hadas se marchan volando.
Me acerco hasta el lago y toco el agua, está muy fresquita, pero no lo suficiente como para no poder meterme. Empiezo a meter los pies, pero algo ocurre, el agua se está moviendo. ¡Hay algo dentro del lago! Me asomo más y se trata de ¡una sirena!
—Ho-hola ¿Sa-sabes hablar?
—Hola pequeña, sí, se hablar, ¿quieres bañarte conmigo?
—¡Claro! Si puedo...
No voy a perder la oportunidad de bañarme con una verdadera sirena que, por cierto, es muy guapa y parece muy amable.
—Claro que puedes, pero ven, acércate más bonita.
Le hago caso y me acerco, ella me coge del brazo y en un segundo estoy dentro del agua.
—Vaya, nunca me he bañado con una sirena, si ni siquiera sabía que existíais.
—Ya, pocos lo saben, mira ven a bucear conmigo seguro que te encanta. —me mira muy sonriente.
—Mejor que no, no se bucear muy bien.
—Insisto. —dice con una sonrisa muy maliciosa... me está empezando a dar miedo.
—Bueno mejor me voy ya, además me tengo que quitar esta ropa mojada si no quiero coger un resfriado. —intento escaparme, pero ella no suelta mi brazo.
—¡Tú de aquí no te vas! —dicho esto agarra mi cabeza y ¡me empieza a ahogar!
—¡Socorro!
Todo lo que hago es en vano, ella es mil veces más fuerte que yo, este es mi fin... Estoy a punto de perder el conocimiento cuando la sirena me suelta y se marcha de ahí nadando a toda velocidad, lo único que noto son unos brazos rodeándome la cintura y sacándome de esa agua helada. ¿Quién será mi salvador?
Abro los ojos lentamente y ahí está él, el ser más repugnante que conozco, el mismo que me ha robado mi primer beso y el mismo que me acaba de salvar la vida.
Comienzo a toser agua, no puedo respirar bien y me desmayo.
Vuelvo a despertar al sentir unos labios pegados a los míos, abro los ojos y me encuentro con Peter ¡besándome!
—¡Quita! ¿Qué piensas que estás haciendo?
—¡Salvarte la vida! Te has quedado sin aire boba y te intentaba hacer el boca a boca.
—Ya pues no lo vuelvas a hacer.
—De nada por salvarte la vida.
—Gra-gracias... De verdad, no sé qué hubiera sido de mí si no me hubieras salvado. —agacho la mirada algo avergonzada.
—Sencillo, ahora mismo estarías muerta.
—¡Achí! —estornudo y pongo mi mano en mi nariz.
Estoy congelada, claro, cómo no voy a estarlo si estoy empapada.
—Venga, vamos a la aldea, si no vas a cogerte una pulmonía. —me mira algo preocupado, cosa que me sorprende mucho la verdad.
Me coge en brazos y me lleva volando hasta llegar a su cabaña, me deja en su cama y comienza a ¡quitarme la ropa!
—Pero ¡qué haces pervertido!
—Quitarte la ropa, o piensas quedarte así toda mojada.
—¡Ya, pero me la se quitar yo sola, no necesito a nadie para quitármela!
—Pensé que así sería más divertido —me dice con una sonrisa pervertida, yo le fulmino con la mirada—. Está bien, espera aquí.
Peter saca algo parecido a un camisón de dormir blanco.
—Toma, puedes ponerte esto hasta que se seque tu ropa.
—Gracias, ¿de quién es? Digo, es una prenda de mujer y aquí solo hay chicos.
—Es de una chica que estuvo aquí hace años, pero eso a ti no te importa, ¡venga, cámbiate rápido!
—¡Si no te vas no voy a poder cambiarme!
Peter sale de la habitación y yo me pongo el camisón, la verdad es que me queda muy bien.
Salgo de la cabaña de Peter y ahí se encuentra él, sentado sobre un tronco y mirándome descaradamente, no quita su vista de la mía, se acerca a mí tanto que hasta nuestras narices se pueden chocar, yo como no me quedo hipnotizada con sus ojos verdes, hasta que ocurre, me vuelve a besar, pero este beso no es como los que me ha dado antes, este es más salvaje, más posesivo, cosa que no me gusta nada...
—No sabes besar. —sonríe de lado y toca mi mejilla delicadamente, yo le miro sonrojada.
—Bueno yo...
—Chs tranquila, yo te enseñaré...