Llevaba días haciendo mandados tontos, o al menos a su parecer, pues esas personas, la utilizaban para limpiar, cocinar o como recadera, por extraño que pareciese no le obligaban a realizar trabajos sexuales, no había torturas ni malos tratos excesivos, era como si realmente no supiesen que hacer con ella. Eso sí, tampoco era tontos; no le daban ningún trabajo que pudiera acercarla a las armas o la salida. Aquel trato realmente le daba ventajas, cosa que no dudo en aprovechar y día a día se dedicaba a conseguir la confianza de algunos hombres, los más jóvenes eran fáciles de manejar por lo que un trato especial, una mirada seductora o un simple favor, podrían serle de mucha utilidad. Cómo de costumbre los intervalos de tiempo en que la dejaban sola, se escabullía de regreso a la habitación

