El peor temor de la chica se hacía realidad a cada segundo que pasaba, las cosas podrían terminar muy mal y no soportaría perder a Eva o Alexander. Ambos eran sus pilares y si los perdía a ellos también, realmente enloquecería. — ¿Cuánto tardaremos en llegar? — Pregunto ella tomando su mochila. — Veinte minutos si intento perderlos. Era demasiado tiempo, si llegaban a acercarse al auto y los reconocían tendrían a toda la policía de la ciudad encima. Y tal como lo predijo Irina, una patrulla salió de una calle y comenzó a seguirlos. — Demonios... — Murmuro la chica antes de sacar su arma. —Eva. Tendré que hacer bastante ruido linda, pero no te asustes. No dejare que te pase nada. — Advirtió al notar que la niña comenzaba a inquietarse. No quería asustarla más de lo que ya estaba, pero

