El destino
13 de abril de 2010.
Iba de regreso a mi casa después de terminar el entrenamiento de fútbol. Mis amigos y yo estaban en el equipo de la escuela; caminaba solo por la acera. En ese entonces tenía 16 años, cursaba el segundo año de preparatoria. y mientras pateaba algunas rocas en el camino, sonó mi celular, era mamá.
—Aquí Damián, informando desde un terreno baldío —Dije, al momento de responder aquella llamada.
- Cariño, necesito leche, estoy haciendo un pastel ...
¿Lo estas haciendo o lo quieres hacer? —Pregunté con la única finalidad de irritar a mamá. Me encantaba hacerlo.
—Ya abrí la caja de la harina —Respondió entre risas. Bueno, mi plan no funcionó.
—Está bien ma ... ahorita paso a la tienda.
¿Acaso el entrenamiento?
—Si, de hecho estoy por llegar a casa. Iré con doña Juanita por la leche.
Iba a doblar a dos calles de mi casa, para ir con la señora de la tienda de la esquina, era una señora muy agradable, recuerdo que de pequeño me regalaba muchas paletas ... Pero bueno, el punto fue que, me tropecé con una caja al dar la vuelta. Casi caigo al suelo, no fue así porque me detuve contra la barda de la casa Frestonel. Escuche el llanto de un bebé en ese momento. Me giré hacia todas las partes, pero nada, no consideró nada. Fue a tan solo unos segundos, cuando me percaté de el sonido venía de la caja con la que había tropezado. Miré un poco dudoso, pero decidí abrirla, lo hice lentamente.
Realmente había un bebé; no podría creer, quizás era una broma, de nuevo grabado con la mirada a todos mis alrededores, pero nada. ¿Y ahora ?, ¿Qué hizo? Tomé al bebé tambaleando. Jamás en mi vida había cargado a uno, ¿qué estaba haciendo bien? Definitivamente no. Pero de que la sostuve, la sostuve.
Era niña, su ropa era color rosa, quizás tenía un mes ... No lo sé. La tomé entre mis brazos, lloraba mucho, no sabía si le dolía algo o tenía hambre, volví a mirar hacia los lados por última vez y después de varios segundos con los ojos muy abiertos, comencé a correr hacia la casa.
Cuando llegué, abrí rápidamente la puerta y yo dirigí a la cocina, donde se sintió mi madre.
—Ma ... —Solté, me faltaba el aire después de tal maratón ejecutado.
¿Me trajiste la leche? —Preguntó ella, no me molestaron aún, se consideró muy concentrada con la preparación de su betún.
No, pero ...
—¡Damián! —Gruñó y se giró hacia mí - Pero qué ... ¡Damián! —Repitió, sorprendida al ver el bulto que cargaba entre mis brazos. Se acercó casi corriendo - ¿Qué es esto?
—Es un bebé, te los presento.
—¡Damián! —Soltó en regaño y me dio un coscorrón. Les advierto, amaba dármelos.
Me quejé, pero ella solo me miraba tan confundida como un niño cuando su papá le dice no, y mamá que sí. Quería respuestas — Estaba en una ... caja. Creo que fue abandonada —Expliqué.
No juegues con eso, muchacho —Se notaba la preocupación en su voz. Yo siempre le hice bromas, pero esta vez la cosa iba en serio.
No estoy bromeando, es verdad. Dije, observando al bebé algo así como tratando de descifrar cómo funcionaba.
Ella me miró, sus grandes ojos expresaban lo impactada que se consideró. ¿Qué requierenmos hacer? Ahora, podrían estar en la sala, sentados sobre el sofá mientras ella sostenía a la pequeña, tan solo pensábamos posibilidades.
Quien pudo haber tenido ... más bien, ¿quién no tiene corazón como para dejar su suerte a este hermoso, pequeño e indefenso angelito? —Dijo ella mientras acariciaba a la niña.
—Quizá sea un adulto con problemas de crecimiento y tan solo se está haciendo pasar por un bebé para que lo mantengamos y ...— Ella me llama con otro coscorrón— ¡Auch !, ¿Cuál es tu afán de golpearme tanto?
—Tengo la esperanza de que se conecte los cables que traen sueltos, ¡no digas tonterías! —Su ceño fruncido claramente irradiaba el desacuerdo, y tal vez la vergüenza que le dio tenerme como hijo. Ja, no es verdad. Ella me amaba.
Comencé a reír: ¿Nunca ha visto la película de pequeño pero peligroso?
—¡Damián! —Exclamó de nuevo, como forma sutil de pedirme guardar silencio.
Esa noche, mi madre salió de fiesta con algunas amigas. Me quedé en casa a solas con la pequeña intrusa que yo mismo había metido. La dejé en el cuarto de mamá, dentro de un bunker hecho de almohadas apiladas.
—Hola ... —Saludé a la pequeña cuando recién entré— Yo soy Damián mucho gusto, ¿Y tú? —Ella tan solo me miró, tan concentrada que parecía real. Chasqueé la lengua — Chica de pocas palabras, eh. Excelente, esas me gustan a mí —Reí un poco y comencé a jugar con ella, movía sus manos y sus pies— ¿Sabes? creo que necesitas un baño, ven ...
¿Pero qué rayos pasaba conmigo? Ni siquiera sabíamos que seríala y la quise bañar. Ja Antes no la mate.
La tomé entre mis brazos. Realmente no puedo explicar cómo hice, quizás fue un milagro, pero la pude bañar sin causar ningún accidente.
—¡Listo !, ya estas como nueva, de nada. Ahora ... ¿cómo te llamas? —Prendí la televisión— ¿La chica de la caja ?, ¿La callejera ?, ¿solavino? ... ¿Qué te gusta más?
En ese momento, en la televisión comenzó a sonar la canción de I Just Wanna Live, de Good Charlotte y ella comenzó a emocionarse un poco, miré extrañado y le cambié a la televisión. Ella se quedó quieta; cuando regresé al canal en el que estaba Good Charlotte, comenzó a bailar de nuevo, lo que quité y se calmó, regresé y se aceleró de nuevo. Entienden lo que trato de explicar, ¿cierto?
¿Te gusta Gusta Charlotte? —Pregunté mientras una sonrisa se asomaba en mi rostro— Tienes buen gusto musical ...— Dirigí mi vista hacia el video, y fue cuando la idea millonaria apareció como por arte de magia —Bueno, solavino, creo que te llamaré Charlotte para que no se burlen de ti en la escuela. Hay que evitar futuros buleadores.
Cuando mamá llegó, se encontró con un Damián y una Charlotte entre sus brazos, abarcando casi toda su cama. Estábamos dormidos. Ella tan solo sospechó y se recostó a nuestro lado.