2

913 Palabras
Presentando a Charlotte 17 de Abril de 2010. Habían pasado cuatro días  desde que  Charlotte llegó a casa. Nadie sabía nada sobre ella, ni siquiera mis amigos. Mi madre me había rogado para que lo mantuviera en secreto, y así fue. ─¿Qué haremos con la bebé? ─Preguntó ella con preocupación. ─Ma, lo estuve pensando y...─Comencé a decir, mientras jugaba con mi tenedor─ Quiero que se quede con nosotros —Terminé, mirándola con gran seriedad. Quería que se diera cuenta de que esta vez, su querido, amado y guapo hijo, no estaba jugando. ─Damián... ─Soltó ella en medio de un suspiro, mirándome con ternura y angustia al mismo tiempo. Rayos─ Sé que te has encariñado mucho con ella estos días, pero... ─Ma...─Pronuncié mientras me levantaba ─ Por favor, ─Le rogué casi poniéndome de rodillas─ Prometo que yo la cuidaré, será mi hija. ─Damián, tan solo tienes dieciséis años. No me parece correcto. —Por favor, quiero que Charlotte se quede en la casa. No tiene hogar, no tiene nada, ni a nadie, y no quiero que se la lleven a un orfanato. ¿Sabes cómo viven esos pobres niños? ─Terminé,  reclamé un poco. Necesitaba hacer entrar en razón. Es decir, comprendía su postura, pero... era necesario hacerlo. Ella sonrió levemente ─Charlotte, ¿Desde cuándo decidiste es nombre? ─El día que llegó...─Le comenté, pues no era la primera vez que la llamaba así frente a ella─ Ma, por favor, no te la lleves ─Rogué. ─Damián, cariño... ─Pronunció mientras se acercaba a mí para sujetarme entre sus brazos─ Está bien, se quedará un tiempo más aquí. ─¿Un tiempo más? ─Pregunté inconforme entre sus brazos. ─Amor, no es de nosotros. En cualquier momento alguien la puede reclamar ─Me advirtió. ─¡Estaba tirada dentro de una caja a media banqueta! ─Expresé con gran enojo al pensar en aquello mientras me separaba de mi madre. ─Damián, acepto que se quede, tienes mucha razón, es una niña preciosa y si la podemos ayudar, ¿Por qué no? ─Me sonrió─ Pero toma en cuenta que si alguien llega por ella, no podremos hacer nada ─Me advirtió. —Gracias ─Pronuncié con una gran sonrisa. Estaba seguro de que eso no pasaría. * * * ─Me voy al entrenamiento... ─Le avisé a mamá─ Cuida mucho a mi Charlotte. Ella rió un poco ─ Claro que si, Dams.  Yo cuido a tu Charlotte. Me dirigí al entrenamiento, caminando a falta de auto porque pues, uno a veces nace pobre. Cuando llegué, ya estaban todos calentando, así es que sólo me incorporé. Llegar tarde también es cuestión de pobres, ¿si o no? ─Llegas tarde, Mout  ─Soltó Joseph. Él era uno de mis inseparables cuatro. Aprendan su nombre, aparecerá mucho en esta historia. ─Lo siento, ahora tengo responsabilidades extras ─Dije sonriendo mientras comenzaba a trotar en mi lugar. Me veía mejor diciendo eso que, expresando mi escases de dinero para comprar un auto. ─¿Ah sí?, ¿Cómo cuáles? ─Preguntó ahora Freddy, burlándose un poco, este otro imbécil, no creyó en mis palabras, que en realidad, tenían alto contenido de verdad. Era otro de mis amigos. ─¿Ver la tele dos horas al día? ─Soltó Alan, riendo un poco. ─Tengo... una hija ─Dije con seguridad, mientras seguía trotando. Los cuatro bobos se quedaron inmóviles en cuanto terminé de decirlo. Me miraron confundidos. ─¿Qué acabas de decir? ─Preguntó Alonso, mirándome con un ojo entrecerrado. ─Que tengo una hija ─Repetí, mientras cambiaba de ejercicio, ahora abría y cerraba mis piernas. Alan comenzó a reír— Si, Damián ─Se burló un poco. ─¿No me creen? ─Solté la pregunta, dejando de hacer mis ejercicios de tajo─ Los invito a cenar a mi casa hoy, quiero que la conozcan  ─Una gran sonrisa apareció en mi rostro. ─Mout, Cans y compañía, ¡Hagan sus ejercicios! ─Nos ordenó el entrenador a unos cuantos metros de distancia. Cuando acabó el entrenamiento, los chicos aceptaron mi invitación, caminábamos hacia mi casa los cinco, porque pues, todos pobres aquí. ─Se llama Charlotte ─Comenté─ tiene como un mes, realmente no lo sé. ─Damián ─Pronunció Joseph entre risas─ No te creo ni una letra de lo que dices. ─Es en serio —Advertí. Al cabo de unos minutos, por fin llegamos a mi hogar dulce hogar. ─¡Ma!, ya llegué ─Avisé con el mismo grito de siempre. ─¡Que bueno!─ Escuché su respuesta desde la cocina─ Debo ir al club y tu hija no se puede quedar sola ─En ese momento, me giré hacia los muchachos y alcé una de mis cejas mientras en mi rostro mostraba una media sonrisa. Mi madre llegó a la sala─ Ah, hola amores ─Saludó con gran felicidad. Los estimaba en grande─ Que bueno que llegan, ayuden a Damián, y tú ─Me señaló─ encarga una pizza. ─¿Dónde está Charlotte? ─Pregunté con curiosidad al ver que no se encontraba entre sus brazos. ─¿Es un perro, cierto? ─Preguntó Alonso con gran preocupación. Debieron ver su cara, era tan graciosa que se pudo haber hecho un gran meme con ella. ─No lo es —Dije. ─¿Un gato?─ Añadió Freddy. Mi madre rió levemente─ Es la hija de Damián─Hasta ella ya lo había digerido. Fue a la cocina y regresó con Charlotte entre sus brazos. No me pregunten donde la tenía, aún no lo sé. ─¡Pero qué demonios!─ Exclamó Joseph asustado cuando logró distinguir a la bebé. ─Les presento a Charlotte ─Una amplia sonrisa se apoderó de mí. Al principio, sus impactados rostros penetraron mi hogar. Después de hacerlos sufrir un rato, decidí contarles la verdadera historia de Charlotte. Desde ese día, Charlotte los enamoró a ellos también. Digo, a mí ya me había cautivado.  La vida se resumió a ella, así de simple. La llevábamos a todas partes. Se volvió nuestra prioridad. De alguna manera, y no sé cómo, Charlotte me hizo sentir cosas increíbles. Me encariñé con ella desde el día en que la encontré, y mi vida ya no volvió a ser la misma.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR