Mientras hablaba, sus manos se movían animadamente, algo que siempre hacía cuando estaba realmente emocionado. —Conocí a casi todos los empleados que estarán bajo mi supervisión. Hay un grupo de jóvenes muy prometedores en el departamento de marketing, y el equipo de ventas tiene una energía contagiosa. Ricardo continuó, describiendo cada detalle de su día. Habló de la moderna sala de conferencias, de la cafetería con vista al parque de la ciudad, y de cómo ya estaba planeando algunas mejoras en los procesos. —Lo único es que no pude conocer a mi nuevo jefe —dijo, pero sin que eso disminuyera su entusiasmo—. Aparentemente está en un viaje de negocios y regresa la próxima semana. Pero todos hablan maravillas de él. Mientras escuchaba, sentí una oleada de orgullo y alivio. Esa noche, de

