Mi madre volvió a apretar el botón para que pasarán sin tomar la delicadeza de levantar el interfon para ver quien era, poniendo de pretexte que tal vez se le había cerrado la puerta o algo. Me paré de mi lugar completamente frustrada para llamar la atención de mis padres, estaba algo tensa y mis emociones se desbordaban una tras otra, y no solo no podía contenerlas sino que además un horrible dolor en mi cabeza se hacía presente. —Mamá, ¿Por qué lo invitaste? Está no solo es mi casa, también es de Greta, Anuar no es bienvenido aquí. —Pero nosotros pagamos el alquiler. —rebatió mi madre en un tono sarcástico. —La mitad, mamá, pagan la mitad, por lo tanto tienen que preguntar antes de invitar a alguien. ¿Papá? —busqué con desesperación la cara de mi padre que encendía un cigarro.

