- Zusumi me escaparé… digo me iré hoy
- ¿Qué? _____ No quiero que te vayas
- Lo siento…
- _____ No quiero que te vayas, eres mi único y mejor amigo
- Me hubiera gustado que conocieras a Luka… ¡Ya sé! Hay que prometernos que en un futuro nos encontraremos
- Sí, te buscaré siempre y te encontraré sin importar donde estés […]
- ¿Zusumi? – abrí mis ojos y vi a mi hermano
- ¿Leo? - me incorporé - ¿Qué haces en mi cuarto?
- Vine a avisarte que bajaras a comer… ¿Estás bien? - me miró preocupado
- Sí… - Me froté mis cara y al tocar mis ojos los sentí húmedos. Tenía lágrimas, me limpié
- ¿Estás segura? ¿Te sientes mal? ¿Le hablo a papá?
- Estoy bien, no te preocupes. Es solo que tuve una pesadilla - Leo asintió
- Bueno, dejaré que te cambies - salió y cerró la puerta
Estaba cansada de esos sueños o recuerdos, ni si quiera sabía si eran reales, y lo que más me molestaba era no poder recordarlo bien, todo se veía borroso. Pero sobre todo me preguntaba la razón de esos sueños ¿Por qué ahora?.
Me levanté, me lavé la cara y después bajé. Esta vez mi padre había preparado la comida, eran espárragos, los favoritos de mi madre. Recuerdo que cuando ella vivía no podían faltar los espárragos como guarnición, y yo odiaba los espárragos, siempre terminaba haciendo berrinche porque no me los quería acabar y cuando mi padre estaba, él se los terminaba comiendo. Sin embargo, cuando mi madre falleció era lo que más extrañaba, recuerdo que había momentos en los que la nostalgia me invadía y lloraba mientras le pedía a mi madre que regresara, que esta vez si me los iba a comer. Mi padre me contó que en ese entonces creyó que podía morirme porque bajé mucho de peso, me llevó a varios médicos e incluso al psicólogo, en donde le dijeron que esas cosas podían ser normales después de que un niño de esa edad perdiera a alguien, sobre todo siendo la madre. También trataron a Leo, aunque él no lo expresaba también sufría, y tras un tiempo mi padre se metió a clases de cocina, en donde aprendió a cocinar espárragos, eso nos ayudó en gran medida. Y ahora por supuesto, me encantan los espárragos.
- Te quedó muy rica la comida papá - Leo se levantó a servirse por segunda vez
Vi el plato de mi padre y ya casi terminaba de comer, así que me dispuse a hablar antes de que se parara y se encerrara en su oficina
- Papá… - me volteó a ver
- ¿Qué pasa?
- Dime… Cuando era pequeña ¿tenía algún amigo?
- ¿Amigo? - me miró confundido
- Sí… A decir verdad, desde hace un año he estado soñando, bueno más que un sueño son recuerdos que regresan a mi mente, sobre un niño que estaba conmigo cuando era pequeña
- ¿Un niño? Tal vez era Leo
- No, su voz era diferente a la de Leo. Aquel niño y yo siempre nos encontrábamos en lo que parece una pequeña montaña con vista al mar y cerca de ahí como un… un molino de viento
- En efecto, antes vivíamos cerca del mar, pero nunca te vi con algún niño
- De seguro era algún niño del orfanato que quedaba cerca – respondió mi hermano y volteé a verlo enseguida
- ¿Había un orfanato por dónde vivíamos?
- Sí, siempre salías en las tardes. Pero regresabas antes que papá llegara a la casa
- ¿No sabes de quien hablo? - le pregunté a mi hermano
- No, recuerda que mamá casi no me dejaba salir porque era muy enfermizo - Cuando Leo mencionó en voz alta a mamá me dio un vuelco el corazón. Era muy extraño cuando hablábamos de ella y no era porque no la extrañáramos. Cada vez que la mencionábamos no podíamos evitar recordarla con alegría mezclada de melancolía.
*******
- Zusumi, Leo, mamá ha fallecido
- ¿Qué? ¿Por qué?... ¡No! No es verdad, ella despertará, está muy cansada así que solo está durmiendo
- Hija
- ¡No! No quiero
- ¡Zusumi! ¿A dónde vas? […]
- _____ siempre me dijo que si tocaba este silbato él vendría ¡_____! Ven …. ¿Por qué no vienes? […]